miércoles, 30 de diciembre de 2015

El pacto interminable

De momento, y pasan ya 11 días, seguimos sin ver avanzar ni un solo centímetro el gran pacto unionista a tres bandas que tanto interés ha despertado entre los ciudadanos. Ni vemos avenidos a los candidatos, ni centrados en buscarse unos a otros, ni en exponer un modelo de acuerdo sobre el que discutir. Cada uno permanece encerrado en sí mismo, en su amor propio, en sus respectivos personalismos. Absurdos, porque no están ahí por ellos, sino por nosotros.

Pues bien, ya que no se ponen a ello, además de poner los votos, hagámosles también el trabajo de ordenárselos. Pensemos por ellos cuáles podrían ser las condiciones de esa gran coalición.

¿Qué tipo de condiciones habría que considerar? Pues, entiendo yo que, dado el doble objeto de las elecciones, la coalición tendría que abordar dos actividades diferentes, y, por tanto, habría que considerar dos condicionados separados:

  1. La coalición legislativa.
  2. La coalición de gobierno.
La COALICIÓN LEGISLATIVA tendría una organización similar a la de un grupo legislativo de un partido en mayoría, salvo el enriquecimiento que le aportaría la conjunción de tres modos de ver la misma realidad en una sola imagen. Más o menos éste podría ser un esquema:

  1. Condiciones de la COALICIÓN LEGISLATIVA:
    1. En el congreso y en el senado, la coalición tendría que funcionar como un solo bloque a nivel de votaciones. Esto es, cualquier proyecto presentado al pleno se apoyaría en bloque por todos los diputados de la coalición.
    2. De la elaboración de cada proyecto se encargaría una comisión paritaria formada por un número idéntico de diputados de cada uno de los tres partidos.
    3. De forma inmediata se formarían las siguientes comisiones:
      1. Comisión para la confección de un borrador para una Reforma Integral de la Constitución en una futura legislación constituyente.
      2. Comisión para una reforma legislativa dirigida a la creación de empleo de forma urgente y masiva.
      3. Comisión para una reforma legislativa dirigida al control estricto del déficit público y control presupuestario.
      4. Diversas Comisiones para una reforma legislativa dirigida a mejorar la educación en los distintos niveles: Infantil, Primaria, ESO, Bachiller, FP, Universitaria.
      5. Comisión para una reforma legislativa dirigida a mejorar el Sistema de Salud
      6. Y todas las comisiones similares que se consideren de interés por el GRUPO RECTOR DE LA COALICIÓN, que estaría formado por un representante de cada partido y que tomaría decisiones firmes sobre los asuntos objeto de su consideración presentados a la COALICIÓN LEGISLATIVA por cada uno de los partidos y por las diferentes comisiones.
      7. Dado el carácter excepcional de esta coalición, y teniendo en cuenta las diferencias ideológicas, los proyectos habrán de limitarse en sus objetivos a la resolución práctica de los numerosos problemas de carácter prioritario y urgente que plantea la sociedad actual, relegando el tratamiento de aquellos otros proyectos que por su enfoque ideológico pudieran ser motivo de divergencias absolutas y enfrentamientos tripartitos.
      8. Las distintas Comisiones creadas, seguirán funcionando durante toda la legislatura realizando un seguimiento de la legislación proyectada por cada comisión, aún después de ser aprobada, en sus fases de desarrollo y puesta en funcionamiento, revisando las incidencias surgidas y volviendo a retomar la realización de nuevas reformas sobre lo ya reformado en caso de que se observen deficiencias obvias.

Con lo expuesto a modo de ejemplo, se ve que sería posible presentar proyectos de ley elaborados mediante las aportaciones de los tres partidos coaligados actuando en equipo. Se ve también que, con criterios puramente técnicos, se podrían mejorar, con nueva legislación, muchos de los problemas sociales que actualmente venimos padeciendo, los cuales, en su mayoría, derivan de planteamientos técnicamente erróneos. No tenemos una baja calidad educativa por falta de medios como parecen querer transmitirnos en cada campaña electoral todos los partidos. Ha habido tiempos pasados con recursos económicos infinitamente inferiores, en los que el precario sistema educativo ha dado muchos mejores frutos de los que da el sistema actual con muchos más recursos, por poner un ejemplo. No es por tanto, muchas veces el dinero o la ideología política la causa de los malos servicios, sino la mala utilización dada a los recursos disponibles o la falta de ideas técnicas para buscar soluciones a problemas puramente técnicos que deterioran y estrangulan los diversos sistemas.

Por otro lado, el condicionado de la COALICIÓN DE GOBIERNO trataría de darle un enfoque innovador a la actuación de un gobierno que pudiera hacerlo con autonomía, apoyado por su propia coalición, pero sin que ese compromiso de apoyo incondicional tripartito, ni la situación de mayoría absoluta, le abriese la posibilidad de abusar con medidas populistas inviables o con medidas restrictivas abusivas.

  1. Condicionado de la COALICIÓN DE GOBIERNO:
    1. Uno de los 3 candidatos, el más votado, en este caso Rajoy, asumiría las funciones de formar un gobierno y presidirlo con total autonomía, e independencia. Los otros 2 candidatos, por orden de votos obtenidos, Sánchez y Rivera, serán respectivamente, suplentes del presidente, y del suplente primero, a título de vicepresidentes 1º y 2º, aunque sin voz ni voto. Cualquier candidato podría renunciar voluntariamente a su orden preferente. Esto último por darle al señor Rajoy y al señor Sánchez la oportunidad de marcarse una chulería, o porque con las siguientes condiciones les entrase la risa.
    2. El presidente rendirá, MENSUALMENTE, cuentas de su gestión ante el PUEBLO, vía televisión pública, empleando el formato de presentación que libremente elija. Obligatoriamente informará mediante índices preestablecidos de las cifras que permitan conocer, mes a mes, el estado del déficit, del presupuesto, de la economía, del empleo, etc. Informes obtenidos de la alta inspección sobre la evolución de la marginalidad, sanidad, educación, seguridad, medioambiental etc. Dará cuenta también de nombramientos, concesiones, decisiones normativas, etc. Grandes inversiones proyectadas y estado de ejecución de las iniciadas. Y cuántas otras cuestiones de Estado haya hecho surgir la actualidad por los medios a lo largo de cada mes.
    3. MENSUALMENTE también, el candidato suplente del presidente, rendirá, de forma igualmente pública y televisada, un informe crítico de la gestión del presidente, con el formato que considere libremente. En este informe  podrá disentir de la gestión realizada por el gobierno, planteando su visión de cómo debería haberse enfocado, según su criterio. Todo ello respetando las formas y evitando el encrespamiento social que provoca el enfrentamiento dialéctico y la desautorización personal, pero aprovechando para presentar las diferencias de una posible alternativa de gobierno reclamada por la ciudadanía, de la forma reglamentada en el punto siguiente de este condicionado, dentro y sin romper, el pacto de coalición establecido al inicio de esta legislatura.
    4. CADA SEIS MESES, el pueblo tendrá oportunidad de evaluar la gestión del gobierno: Positiva o Negativa. La mayoría de votos negativos se consideraría como un primer aviso para el gobierno, QUE, AL 2º AVISO, DEBERÍA DIMITIR EN PLENO, pasando a formar gobierno, en las mismas condiciones el 1º suplente.
    5. La forma de evaluar la gestión del gobierno, semestralmente, por el pueblo, sería por consulta a una milésima parte del electorado seleccionada al azar por sorteo de las 3 últimas cifras del dni. Es decir, una muestra totalmente aleatoria de unos 35.000 ciudadanos. El voto podría realizarse de forma telemática desde la propia residencia de cada votante, o desde ordenadores específicos localizados en los ayuntamientos de todo el país. Los informáticos del Estado saben perfectamente como organizar este protocolo de forma fiable y segura.

Básicamente, éste sería el condicionado que podría regular el funcionamiento de una coalición unionista a tres bandas para una legislatura tan comprometida y a la vez tan esperanzadora como la presente. Debe considerarse como una sugerencia realizada por un ciudadano preocupado, que observa con perplejidad la falta de aportaciones innovadoras y constructivas por parte de partidos, de comentaristas y de seguidores de la diaria actualidad política, así como la falta de vías de transmisión para que circulen este tipo de sugerencias. E igualmente observa escandalizado la saturación de las redes más populares con mensajes políticos vacíos de contenido y llenos de desprecio hacia los considerados oponentes. En realidad tan parecidos unos a otros, que mejor que oponentes, podrían llamarse colegas. Todo ello impulsado desde las sedes de los propios partidos con los llamado trollers de las narices.


Mi deseo particular para este inicio de año que empieza mañana, sería ver, desde ya mismo, a los tres candidatos reunidos armónicamente, hablando de la coalición en términos parecidos o diferentes a los expuestos en este artículo, pero animados por un nuevo espíritu de concordia, dirigido a darle solución a este problema de Estado que ya llevan 11 días eludiendo. Los ciudadanos no nos merecemos este tipo de comportamiento. Ya está bien, señores

domingo, 27 de diciembre de 2015

La decisión de Sánchez.

En este sistema representativo que padecemos cada decisión electoral termina en una solución indeterminada, como aquellos sistemas de ecuaciones que estudiábamos en álgebra, planteados a base de variables dependientes.

Aparte de la insatisfacción del pueblo que, en este sistema, es molestado para votar y después de hacerlo, es igual lo que vote, al final, siempre, otros deciden lo que les da la gana, lo peor es que, el propio pueblo, llega a tomarse a coña un sistema absurdo que basa su razón de ser en sus decisiones, pero no se fía de ellas, y tienen que corregir sus respuestas.

Pero, es lo que tenemos. Sólo queda pedir, al menos de momento, que los correctores de esas decisiones del pueblo, sean honrados moralmente, y competentes intelectualmente. Ya sé que es mucho pedir, pero es lo que habría, más que pedir, exigir.

En estos momentos estamos en uno de esos periodos post-electorales de corrección de nuestras decisiones de pueblo. En esta ocasión, el recuento ha dado un ganador con más votos que el resto: el PP. Pero, este sistema mal gestado permite las coaliciones post-electorales. Y ahora cabe plantearse distintos tipos posibles de estas coaliciones:
  1. Con un criterio estatalista podría formarse una coalición UNIONISTA (PP+PSOE+C's) con cerca de 300 escaños o una coalición SECESIONISTA (PODEMOS+UP+ERC+ ETC...) claramente minoritaria
  2. Pero si atendemos al criterio ideológico tradicional de división de la sociedad en dos partes no miscibles, podríamos tener una coalición de DERECHAS (PP+ AMBIGUOS) minoritaria y una coalición de IZQUIERDAS (PSOE+PODEMOS+UP+ERCE+ETC+AMBIGUOS) mayoritaria.
¿Qué criterio escogemos? ¿El estatalista que determina si seguimos siendo un solo estado o nos convertimos en 17 estados distintos? ¿O nos decidimos por dejar esta cuestión estatalista en segundo plano y que prevalezca el criterio ideológico de Izquierda-Derecha, pero, que nos puede convertir de rebote en 17 estados distintos por una reacción en cadena del tipo Viva Cartagena, sin otra solución de retroceso que un nuevo golpe de estado?

He aquí el dilema, señor Rajoy. Usted mismo. Si se empeña en ser usted investido por abstención de sus más encarnizados rivales, les está usted obligando a decirle que no. ¿Qué otra contestación podrían darle? ¿Abstenerse? Es pedir imposibles, pero, ni aunque absurdamente lo hiciesen, lo que vendría a continuación, para usted y para nosotros, a lo largo de la legislatura, desde insultos, burlas, descalificaciones de todo tipo, hasta llegar en breve a la moción de censura y la nueva paralización del país, no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

¿Qué otra cosa diferente podría usted hacer que la de pedir su propia investidura? Olvídese de investirse, porque no sería de Presidente, sino de Peropalo. No necesitamos un presidente con 120 votos a favor y 255 en contra. Necesitamos un presidente apoyado por esos casi 300 votos que garantizaría una coalición UNIONISTA. Ofrezca usted esa coalición al señor Sánchez. Creé usted esa coalición. En ella su partido sería el miembro más importante, aunque sacrifique una presidencia que en cualquier caso tiene perdida. Pero neutralice de esa forma la formación de la coalición de Izquierdas que pretende PODEMOS. Facilite usted a Sánchez su decisión: O abstenerse y que usted sea Presidente o que sea él el Presidente con una coalición de Izquierdas detrás. Cámbiele la oferta, póngaselo a huevo: Ofrézcale la Presidencia que él quiere, por medio de la coalición UNIONISTA. Eso sí, no se trata de entregar la presidencia gratuitamente, sino con unas condiciones que garanticen que el señor Sánchez se lo va a tener que currar mientras sea presidente.


¿Qué condiciones son ésas? Otro día, en breve, le cuento las que yo pondría. Esas condiciones son determinantes del éxito del trato para usted, para la coalición y para nosotros los ciudadanos, no se vaya usted a creer que vale cualquier cosa. Pero de momento piénselo: 1. Quién decide es Sánchez. 2. Él es el pretendido, por Iglesias y por usted. 3. No le ponga dificultades a Sánchez. 4. No le dé facilidades a Iglesias. 5 Llévese usted al huerto a los dos.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Temas tabú

Hay algunos temas de los que no se puede hablar. Son temas sagrados. Temas asentados. No hay fórmulas de sustitución que justifiquen que se abra la delicada caja que los protege. La constitución de un pueblo es una de esas cajas. La caja de la constitución encierra algunos temas que representan la esencia de ese pueblo. Abrirla, es un atrevimiento o una irresponsabilidad, porque el sólo contacto con el exterior puede contaminar a los sagrados valores allí contenidos.

Pero tampoco se debe utilizar esa caja protectora para cobijar en ella otros asuntos o valores a los que no corresponda estar dentro de ese lugar sagrado. Precisamente porque la presencia inapropiada de esos valores en ese lugar inmutable convertirá, a corto plazo, esos valores en obsoletos e inútiles y, por otro lado, motivarán en los ciudadanos deseos justificados de abrir la caja sagrada, y que ésta, así, deje de serlo.

Los valores sagrados se respetan, se veneran, se protegen. Hace unas noches pusieron en algún canal de tv La Búsqueda 2. Una simple película de aventuras, de entretenimiento, pero que transmite al espectador una imagen perfecta del respeto que el pueblo americano siente por los símbolos que identifican a sus ciudadanos con su patria: su carta magna, sus leyes, su historia, su bandera, su himno, su presidente,.... En cada manifestación deportiva celebrada en cualquier lugar de EEUU, un partido de baloncesto, por ejemplo, entre dos equipos como Madrid y Barcelona, a su inicio, todos los espectadores cantan el himno con la mano al pecho y nadie se atreve ni a hablar mientras lo cantan. Anoche, en el debate a 9 que se celebró en la 1, el representante del PNV y el de Democracia y Libertat, con toda la osadía que les ha proporcionado el permanente encogimiento patriótico que han sembrado en nuestra conciencia ciudadana, durante 37 años, unas camadas de políticos incompetentes e impresentables, se atrevieron a desafiarnos una vez más sobre el tema de los límites de nuestra patria, que no la suya. Añadieron que estaban en aquel debate por ayudarnos a salir de la penosa situación en que nuestra incapacidad congénita nos mantiene. El representante de IU, por su parte, aprovechó para llamar corrupto al Jefe del Estado.

Y no pasa nada. Nuestra constitución no es una caja sagrada. No protege debidamente a los valores que guarda en su interior. Y yo creo que es por culpa de que en su interior hay valores que deberían estar fuera. Por ejemplo, la regulación de la Jefatura del Estado debería ser una ley externa a la constitución, porque, realmente, no es un tema esencial para España. En distintos momentos de la historia hemos tenido jefes de estado que han sido monarcas, o militares, o civiles, y eso no ha quitado, ni ha dado, ningún plus al pueblo español. Obviamente, mientras sea la que es, esa figura se respeta. La indisolubilidad del estado, en cambio, sí que es un tema tabú, un tema protegido y prohibido. Por la sencilla razón de que es un tema, técnicamente insoluble. No hay forma humana de dar solución satisfactoria a un reparto de la patria entre 40 millones de personas que han nacido con la carta de la nacionalidad española en el bolsillo. Un independentista catalán, tiene un carné de nacionalidad igual que un señor de Extremadura. En el lugar donde se escribe la nacionalidad, pone española, no catalana, ni extremeña. Tanto derecho a sentir que la Sagrada Familia es de uno, como del otro. No es de ninguno, sino del pueblo español, que tiene además la obligación de defenderla de vándalos y de locos. La localidad de nacimiento es una circunstancia aleatoria y no concede derecho de propiedad, ni poder de decisión sobre lugar o ley alguna. La nacionalidad nos concede tan sólo el derecho de usufructuar el estado en el que hemos nacido con el resto de los 40 millones de ciudadanos que tienen nuestra misma e igual nacionalidad.

La caja de nuestra constitución está sobresaturada. Hay dentro de ella muchos temas que no deberían estar allí, y están contaminando no sólo a la caja, sino también a los auténticos valores que deberían estar dentro. ¿Cuáles son esos valores sagrados? Sólo 4, se determinan en esta sencilla frase: “España es Un estado Social Democrático de Derecho”. Ya está.

Un estado. No 17. El estado lo formamos 40 millones de ciudadanos vivos y el patrimonio generacional que usufructuamos de forma solidaria. No es divisible. No es repartible. No somos una federación. Si en algún momento fuimos una federación de reinos, al unirse en forma solidaria, sin separación de bienes, imposible de definir esta separación por su extensión e indeterminación, dejamos de serlo. Si algún día los estados de Europa se unen en un solo estado, bajo una constitución, un himno, una lengua oficial y una bandera, obviamente será una unión irreversible, porque a partir de ese momento lo que estaba separado se une de forma, ya y para siempre, inseparable. Salvo por un acto de fuerza, que no respete razones. No se puede dividir el cuerpo del ser vivo. Las células de los pies no pueden reclamar su independencia. Están muy distanciadas de las células de la cabeza, pero son inseparables, salvo que intervenga un Jack el destripador, un demente. Sólo la ignorancia o la demencia puede cuestionar el respeto a esta indisolubilidad.

Social: Los fines del estado son sociales. El estado debe ocuparse de problemas que el individuo no está capacitado a resolver por sí mismo. Los temas que el individuo pueda resolver, no son competencia del estado. Cuando el individuo cae en situación de incapacidad para resolver sus problemas, el estado debe ocuparse de protegerlo. Cualquiera de nosotros podemos perder la razón, podemos vernos durmiendo en la calle, comiendo de los cubos de la basura, incapacitados físicamente para trabajar, en ese momento nuestros problemas de vivienda, de alimentación, de seguridad se convierten en un problema social, y una competencia del Estado. Si un servicio como el alcantarillado, la seguridad de la calle, la custodia de los delincuentes, etc, no es rentable para acometerlo por la iniciativa privada o no es factible de acometerse por medio de sociedades o cooperativas, se convierte en un problema social y en una competencia del estado. Para eso está el estado. El estado no puede asumir como competencias propias la resolución de asuntos que son individuales. No puede comprometerse a suministrar una vivienda digna a todos los españoles, ni una educación universitaria gratuita, porque ni tiene recursos para financiarlo, ni es un fin social, sino una libertad individual de cada ciudadano.

Democrático: Los temas públicos se pueden estudiar por personas especializadas, se pueden mirar desde diferentes puntos de vista y plantear diferentes soluciones para resolverlos por personas expertas y ubicadas en posiciones sociales y culturales diversas. Pero a la hora de tomar una decisión sobre cuál de ellas se aplica, ya esas personas van a suponer en nosotros unas preferencias que los ciudadanos que pagamos los costos y que formamos ese estado, podemos manifestar por nosotros mismos. La decisión legítimamente corresponde tomarla a los 40 millones de ciudadanos. Los expertos y técnicos que han servido para detectar el problema, para analizarlo y para buscarle una solución, ya no sirven para decidir qué solución se aplica. Esa decisión corresponde al pueblo, y entonces estamos hablando de un sistema democrático. O se la atribuye un individuo o una clase o grupo de individuos, y en ese caso estamos hablando de una dictadura o de una partitocracia.

de Derecho: Una sociedad democrática necesita una normas escritas, conocidas y aprobadas por sus socios. Las leyes vigentes en cada momento se pueden cambiar por el procedimiento democrático establecido, pero, mientras tanto, se deben respetar por todos y cada uno de los ciudadanos e instituciones del estado. Eso es un estado de Derecho. Si un estado no es de Derecho, es un estado bananero, un estado corrupto, un estado de represión o un estado de fuerza.

Esos son los valores sagrados que debe contener una constitución. Todos los ciudadanos podemos entender y respetar esos valores. Si todos los ciudadanos respetamos esos valores, tendremos un estado fuerte y respetable que nadie se atreverá a poner en cuestión. Harán falta sin duda más leyes necesarias para organizar el la convivencia en el estado. Y esas leyes serán también conocidas y respetables, pero no sagradas. Se podrán someter a cuestionamiento y cambio si se considera conveniente y el pueblo consiente en cambiarlas. Por ejemplo: Una ley que regule el número y la forma de los símbolos del Estado, desde la bandera hasta la jefatura del estado; Un ley que regule la expresión de la voluntad popular; Una ley que regule el funcionamiento y competencias del gobierno; el funcionamiento y competencias del parlamento; de la justicia; de la administración y de su distribución territorial; etc.... Son, todas ellas, leyes importantes, seguramente de larga duración, pero no inmutables. No deberían estar dentro de la constitución. No deberían ser temas tabú, ni deberían estar todos contenidos en una caja blindada. Y sin embargo, lo están. 

En estas elecciones se está hablando de la Reforma de la Constitución como uno de los temas estrella para casi todos los partidos. Si los partidos políticos vuelven a hacer una reforma constitucional a su gusto, como hicieron la primera, seguiremos en esta partitocracia tan frustrante, o, como dijo anoche el representante del absurdamente legál independentismo catalán, desapareceremos.


jueves, 19 de noviembre de 2015

El título primero de la C.E.: de los derechos y deberes fundamentales.

 En las entradas anteriores, he quedado claro que yo, ciudadano poco exigente, me conformaría con una constitución que terminara en su actual título preliminar. Un poco modificado, eso sí. Hay algunas precisiones que le faltan, y algunas otras que le sobran, como ya he aclarado. El resto, de la constitución actual, es decir los 10 títulos que siguen al preliminar, yo los sacaría fuera de la constitución, como leyes orgánicas básicas, pero no como parte de la ley constituyente del Estado. No obstante, en este blog de reflexiones sobre una reforma constitucional, no voy a dejar de entrar también en el análisis somero de cada uno de estos títulos actuales, porque, aun considerando que no deben estar dentro de la constitución, sí que considero que se trata de asuntos orgánicos de primer orden. Como tales, deben ser tratados legalmente, de forma prioritaria, como elementos imprescindibles, que son, del orden social. Pero no con la inmutabilidad que una constitución debe garantizar a los elementos puramente estructurales de esa sociedad. Por eso quiero reflexionar aquí sobre esas diferencias que es posible encontrar.

Así que hoy empezaré con el Título Primero, que se divide en cinco capítulos y 45 artículos, bajo el encabezamiento de Derechos y deberes fundamentales.

Hay que empezar diciendo que la mayor parte del texto es bastante emotiva. Da gusto leer muchos de los artículos, como el nº 10, por citar alguno, dedicado a la determinación de los derechos humanos en que se fundamenta el orden político y la paz social. O el número 14 dedicado al derecho de igualdad. Y muchos otros que no voy a copiar aquí, aunque sí voy a dejar un vínculo, para que quien quiera pueda disfrutar de un buen rato repasando el título entero: http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/constitucion.t1.html#t1

Como inconveniente, a toda esta larga lista de buenas intenciones, tengo que reconocer que nada que merezca la pena puede conseguirse de una forma tan fácil, ni todo de golpe. Para mí la constitución es un pacto de lucha en común para conseguir logros comunes. Un pacto para empezar a construir, no desde cero, sino desde donde estábamos en aquel momento hacia adelante. El pasado no desaparece, ni sus frutos tampoco. La lucha del nuevo Estado comienza en el momento siguiente a la firma de la constitución. Y cada logro será objeto de lucha. Los logros no llegan solos, como un maná que brota de improviso por efecto de magia. Hay que crear un país nuevo, pero poco a poco, luchando en cada paso, entre todos, nadie nos va a regalar nada. Esos logros no se quedan sólo en el reconocimiento de unos derechos, en sólo invocarlos, sino en su consolidación por medio de leyes que establezcan unos controles, unas obligaciones, unas valoraciones, una necesidad de financiación. Es fácil escribir que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. La muñeca del escribano da mucho juego. Lo difícil es cumplirlo luego. ¿Es factible que el disfrute de una vivienda digna y adecuada sea un derecho social garantizado por el Estado?¿O es un derecho que cada uno deberá garantizarse a sí mismo?¿Tiene recursos suficientes el Estado para garantizar ese derecho? ¿No hubiera sido suficiente con garantizar y cumplir que no se iba a consentir la menor especulación en el mercado de la vivienda? Aunque realmente también dijeron eso en el artículo 47, que iban a impedir la especulación del suelo. Menos mal que lo dijeron, que, si no, no sé hasta dónde hubiera llegado la famosa burbuja inmobiliaria de estos años pasados. Realmente hay que reconocer que hechas de esa forma: sin explicar ni cómo, ni cuándo, ni cuánto, hasta las promesas más valiosas pierden todo su valor. Y si se pone en duda la autenticidad de las promesas, la imprescindible confianza de los socios puede desaparecer y con ella la viabilidad de todo el proyecto.

En el momento de aprobar la constitución, todas las leyes anteriores que garantizaban y regulaban los distintos derechos que disfrutábamos entonces, seguían vigentes, hasta que, poco a poco, se fueran cambiando por nuevas leyes democráticas, aprobadas por el pueblo, y, es de suponer, que mejores que las anteriores. Pero la nueva constitución no nace en un vacío de derechos y deberes que obligue de forma inmediata a hacer una lista exhaustiva como la que rápidamente los padres de la patria, con muy buenas intenciones, se apresuraron a incluir en este título primero de la constitución en 1978.

De hecho, después se han redactado leyes que han ampliado nuevos derechos no contemplados en este título. Quiere decirse, que más que nombrar una larga lista de derechos, de los que en su mayor parte ya gozábamos o estábamos mentalizados de que los íbamos a conseguir, quizás hubiera sido más útil haberse concentrado en garantizar los nuevos derechos básicos que se incluyen en el título preliminar y haber apostado a muerte para que, de ninguna forma, llegaran a convertirse en tan sólo palabras. El principal derecho que garantiza una constitución democrática es el derecho de participación. Ese derecho a que los ciudadanos aprobemos nuestras leyes, después de haber sido informados adecuadamente de su contenido. Ese derecho de participación es la garantía principal de que cada paso que demos como pueblo será hacia adelante, porque realmente se habrá dado con el apoyo real de la mayoría de la población. Eso no ha pasado con las muchas leyes, que se han aprobado en estos años por una mayoría de diputados que a los cuatro años ha cambiado de signo y, automáticamente, de opinión. Muchas de ellas las han vuelto a cambiar las nuevas mayorías antes de que el pueblo llegara siquiera a conocerlas. Por eso no avanzamos de forma continuada. Nuestras leyes desgraciadamente no tienen la fuerza y el arraigo que les daría el haber sido aprobadas directamente por el propio pueblo una vez bien informado. Igualmente hemos tenido también que aguantar 4 años completos, de mala gana, a malos gobernantes que han demostrado ya en el primer año de su mandato que ni sabían gestionar, ni tampoco administrar, pero el pueblo soberano los teníamos que aguantar nos gustasen o no. No, no se ha buscado tampoco la participación ciudadana para controlar a los gobernantes. Se puede decir que hemos tenido muchas clases de derechos, más o menos nuevos, más o menos garantizados por este titulo primero de la constitución, pero el más nuevo de nuestros derechos, el derecho de participación, se ha quedado en una cosa, digamos que simbólica.

Y ya puestos a ponerle pegas a la lista, hay que echar en falta unos pocos de no derechos. Para regular la convivencia de un pueblo no sólo hace falta una lista de derechos y deberes. También hace falta relacionar a qué cosas no tenemos derecho por muy democráticos que seamos, o precisamente por eso. Por ejemplo: a especular con los bienes de necesidad, a explotar a los semejantes con condiciones leoninas de trabajo, a molestar a los vecinos con ruidos y desorden, a maltratar a los indefensos, a contaminar el medio ambiente, a destrozar los bienes públicos y privados a nuestro servicio, a arrojar basura en las vías y espacios públicos, a colocar a los parientes en los puestos públicos, a quedarnos con el 3%, a colarnos por la puerta de las autoridades por delante de los demás ciudadanos en cualquier sitio...... Esa falta de importancia dada a este tema de los no derechos en comparación con la dada a los derechos, que, como es lógico, son ignorados también en su observancia por población, jueces y policía, ha venido provocando, y así seguirá, no pocos y no pequeños malestares en la convivencia diaria en pueblos y ciudades de todo el país.

Donde los derechos, los deberes y los no derechos de un pueblo deben encontrarse detallados y regulados, es en cada una de sus leyes, de una forma específica. No obstante, no pasa nada porque exista una ley compendio, o índice, que los incluya a todos ellos de forma sucinta y orientativa. Esa ley, lógicamente, no podría estar contenida dentro de la constitución, por la necesidad evidente de tener que ir reformándola continuamente, según el pueblo español fuera añadiendo logros sociales, en forma de leyes, a lo largo de su ruta. Pero sí, también, sin problema, podría existir, fuera de la carta magna, una ley compendio, orientativa, ordenada, de todos los derechos, deberes y no derechos garantizados legalmente en nuestro país. Una ley en la se pudiera leer, por ejemplo: “Artículo 35. El derecho al trabajo de los españoles está regulado por la ley 3 de 2012 de 6 de julio de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral.” Sería menos emotivo que el actual artículo 35 de la Constitución, que oficialmente, ¿garantiza?, ese derecho de forma ¿inmutable?, desde 1978, aunque, desde luego, mucho más realista. Eso sí, para ser más exactos, habría que añadir que esa ley no habría sido aprobada por el pueblo español, sino por sus señorías, los diputados del PP de aquella legislatura.


En síntesis, muy bonito, este título primero, pero fuera de la constitución, completo. La constitución no necesita adornos, ni faroles. Es peligroso tirarse faroles en asuntos tan importantes.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Cantemos un himno al pueblo español

A los españoles nos hace falta una nueva identificación con el nombre de España. Una imagen que nos asocie inmediatamente esta palabra, no con el mapa de la península ibérica, ni con un ejército de autoridades uniformadas y firmes, sino con nosotros mismos, con las personas que nos encontramos cada día por la calle, con nuestros hijos, nuestros padres, los sanitarios que nos atienden en las UVI de los hospitales, los docentes que nos ayudan a formar a nuestros nietos, la muchacha que nos despacha el pan de cada día, o el mecánico o el guardia civil que nos rescata en medio de la autopista con nuestro coche averiado. En fin, una imagen que nos recuerde que España no es un trozo de papel dibujado de forma caprichosa y autoritaria, sino una comunidad de gente viva como nosotros, próxima a nosotros desde siempre; Que España somos nosotros mismos, nuestro propio presente, el futuro de nuestros hijos, el pasado de nuestros abuelos; Que España es el conjunto de sus leyes votadas, después de bien comprendidas, por todos nosotros, no por unos diputados trajeados y distantes que se han puesto de acuerdo en sus votaciones, porque les convenía a todos ellos, sin pensar en nosotros, sin preguntarnos y, por supuesto, sin escucharnos. Esa identificación hará posible el nacimiento de un sentimiento de cariño con el nombre de España en cada uno de los ciudadanos que asociemos la idea de esa forma. Y ese sentimiento de cariño es imprescindible para mantener vivo el espíritu de la colmena del Estado. Ese sentimiento de cariño que nos une, cuando falta, es suplantado de forma natural por otro sentimiento de desconfianza que termina convirtiéndose en una pura repulsión que nos centrifuga a unos de los otros con los efectos de una gran explosión.

La constitución debe reformarse urgentemente. Necesitamos una nueva constitución que busque y muestre en primer plano esa identificación entre pueblo y estado como principio y fin de ese documento. Una constitución que consagre por escrito la unión indisoluble de un pueblo que se compromete a afrontar el futuro unidos, con esperanza, confiados, ilusionados y seguros ante un viaje feliz y sin retorno.

Ese documento debe ser claro, conciso y conocido por todos los ciudadanos, que a su vez saben que todos sus convecinos lo conocen por igual. Y lo respetan. Y confían en que, gracias a ese compromiso sagrado, todas sus actividades sociales e individuales serán legales, honradas, benéficas, seguras y pacificas.

Es conveniente incluso ponerle música, para cantar todos juntos lo esencial de esa constitución en las ocasiones solemnes.

Los españoles tenemos hoy una constitución notarial dedicada no al pueblo español, sino a sus instituciones, que ni conocemos, ni nos emociona ni nos une. Como tampoco tenemos un himno dedicado al pueblo español. Tenemos una marcha real, con música militar, y que además, no podemos cantar porque no tiene letra. Y no lo cantamos todos juntos cuando toca hacerlo, ni nos emocionamos con él, pero sí nos encrespamos cuando alguien a nuestro lado se burla de él y de nuestros sentimientos patrióticos tan mal amparados.

Estos políticos nuestros, tan numerosos, tan importantes y que tan buenos sueldos cobran, ya hace años que se debían haber dado cuenta de que necesitamos una nueva constitución y un nuevo himno. Podrían haber escrito la constitución ellos mismos, porque era muy fácil, sólo había que fijarse un poco en la actual, y recortarla, que eso se les da bien, de lo mucho que tiene de más y añadir algunas lineas más, muy poca cosa, para darle la fuerza que le falta. El himno lo podrían haber encargado a un buen compositor español con reconocida empatía con el pueblo, que seguro que hay bastantes que lo habrían hecho perfecto. Pero en estos 37 años a nuestros políticos no se les ha ocurrido hacer ni una cosa ni otra. No han tenido tiempo. Y yo, que soy un jubilado, aburrido y sólo en casa, me he atrevido a abordar en este blog esa reforma de la constitución en un mes. Y no se iba a quedar ahí la cosa. No soy poeta, ni músico, y tengo mal las cuerdas vocales, pero sé que lo importante es hacer las cosas con fe y con cariño, de modo que esta constitución que yo propongo en este blog no se va a quedar sin himno. Sé que carece de mérito artístico, pero también sé que está compuesto con sentimiento y con el solo deseo de buscar y penetrar en el corazón de la verdad; de modo que no me avergüenzo de publicarlo con mi propia voz esquilmada de tonos por el mal trato que le he dado con tantos años de tabaco e ignorancia. Pero no quiero que a mi reforma le falte su himno al pueblo español, a quien va dedicado. Y quiero demostrar, también, que no es que yo sea muy capaz, que yo sé que soy una persona normal y mayor, sino que tenemos unos políticos que pueden muy poco, entre todos los que viven de la política, en 35 años, pueden menos que un jubilado en un mes, y eso no lo podemos seguir aguantando. Aquí va la letra:

Himno al pueblo español:

Con todo respeto
Cantemos un himno al pueblo español
España es sus gentes. Celebrémoslo.

Formemos un coro de gentes sencillas llamando a la unión,
Y al entendimiento y a la comprensión,
Que una sola lengua habla el corazón.

Defendamos todos
Ese patrimonio generacional
Que hay que agradecer, y hay que respetar

Elevad las voces
Mirando al futuro
Bajo una bandera
Que a todos congrega
Entorno a valores constitucionales
con honda raíz en nobles ideales

Desterremos ya las viejas ideas,
Caducas doctrinas de izquierda y derecha,
Que sólo crearon humanas barreras,
Los nacionalismos, los separatismos
Las desconfianzas en nosotros mismos
Desterremoslos, desterremoslos

Seamos un pueblo participativo
Que vote sus leyes y a sus gobernantes
De forma directa, sin representantes,
Y sean respetados
Conceptos sagrados:

Una democracia directa y real,
Libertad, justicia, solidaridad
Cultura, trabajo, bienestar social
Que sean los pilares en los que apoyar
La sólida nave de nuestro destino
Rumbo a un mundo nuevo
Más justo y feliz

Con todo respeto,
España es sus leyes, España es sus gentes
Con todo respeto:
españoles, nuestra, España, es.


Y ahora la música con la cuerda vocal que me queda, a capela:





martes, 3 de noviembre de 2015

El espíritu de la colmena

El Título preliminar......, o ¿Qué hubiera sido la Constitución Española si sus redactores nos hubieran procurado libertad para crecer, en lugar de quedarnos prisioneros y amordazados con aquella puñetera manía de dejarlo todo atado y bien atado?

¿Qué es España? El artículo 1 de este título preliminar lo dice bien claro:

1. España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

O sea, que España no es un territorio, ni la constitución es su escritura de propiedad. La constitución es un documento dirigido a los socios que constituyen ese Estado Social: los 40 millones de ciudadanos que nos llamamos españoles. La base fundamental de un estado es el pueblo que lo forma. Sin pueblo, no hay estado, ni hacen falta leyes, ni territorio, ni instituciones. Todos estos elementos: territorios, instituciones, leyes, son complementarios al concepto de estado y surgen de él o forman parte de él de forma consecuente o complementaria. El territorio es un dominio del estado, las leyes y las instituciones son elementos creados por el estado para valerse de ellos. Pero una cosa es clara desde el punto de vista de la constitución, desde el punto de vista de la historia de nuestra propia vida y desde el punto de vista de la historia de las vidas de nuestros antepasados remontándonos a cientos de años atrás, con pequeñas lagunas desastrosas intermedias que no pueden considerarse nada más que como simples anécdotas con moraleja esperpéntica incluida: hay un sólo estado español, no 17 estados federados. Hay un solo pueblo español que forma un único estado, no 17 pueblos que formen 17 estados asociados en uno. El Estado español los formamos, hoy, más o menos, 40 millones de españoles, inscritos todos ellos en un registro civil español y común. Tenemos también en común un gran patrimonio generacional formado a través de siglos, por los esfuerzos, por las privaciones, por las alegrías, por los aciertos y los errores de las vidas de incontables millones de muertos, incontables millones de españoles antepasados de los actuales. Eso es un Estado: un pueblo único y unido que tienen en común un valioso, complejo e inseparable patrimonio, que nos ha sido legado de forma solidaria por millones de antepasados comunes muertos. Y nos lo han legado en usufructo, íntegro, como nosotros lo debemos legar a nuestros sucesores de forma automática. Ese patrimonio es un conjunto de valores de todo tipo que distinguen al hombre actual del hombre del pasado, a la mujer , al niño, al anciano, a la sociedad, a las empresas, a los servicios, a las ciudades, a los pueblos, a las viviendas de la actualidad de sus homólogos del pasado. Tan sólo hay que hacer un viaje de unos cientos de kilómetros al sur de nuestra frontera para poder comprobar en vivo la riqueza, complejidad y uniformidad de ese patrimonio generacional que poseemos y en el que ni siquiera reparamos. No es posible andar cuestionando de forma improvisada el reparto de un patrimonio tan complejo, con raíces tan profundas, con tantos antecesores enterrados entre esas raíces y con tal cantidad millonaria de sujetos vivos interesados en ese patrimonio, todos ellos con una parte alícuota en su propiedad. No es aceptable que ahora, de bote pronto, sin base jurídica, sin base racional que evalúe ese patrimonio de forma justa, se entre a realizar un reparto de sus bienes sin más criterio que un certificado de empadronamiento en el lugar. Nadie en su sano juicio puede estar dispuesto a apostar tanto en una jugada tan arriesgada, propuesta por un pequeño grupo de fanáticos, con tan poca solvencia y tanta prepotencia. Parece de broma. ¿Quién es capaz de atribuirse tanto poder sin caer en la cuenta de su insignificancia ante tanto pasado, ante tanta riqueza, ante algo tan delicado que afecta de forma tan decisiva a las vidas presentes y futuras de tal cantidad de sujetos coopartícipes a los que se pretende despreciar y dejar fuera de tal decisión? Hay que ser muy atrevido e ignorante por parte de quien se lo piensa, y hay que ser muy cobardes por parte de quienes son despreciados y despojados de lo que es suyo por alguien que no cuenta ni con derecho ni con fuerza para hacerlo.

Pero volviendo al título preliminar, fijémonos en qué cosas dice, qué cosas debería decir y las calla, y qué otras cosas escribe en el nombre del pueblo incurriendo en un auténtico abuso de confianza.

La constitución sí dice que:

España es un estado, un pueblo, un solo pueblo: el pueblo español.

Y que es un estado social, esto es, que sus objetivos son los de brindar y gestionar servicios sociales al conjunto de ciudadanos asociados a ese estado: sanidad, educación, seguridad, justicia, etc.

Y que se trata de un estado democrático, lo que quiere decir que las decisiones en los asuntos públicos son competencia del pueblo. El pueblo deberá tomar esas decisiones de forma más o menos directa, por medio de sus representantes. Sí, hemos de reconocer que nuestra democracia es la menos directa que podríamos considerar. Nuestra participación democrática se centra en votar cada cuatro años un conjunto de listas, formadas por nombres de los que desconocemos la mayoría, y los que conocemos, en general, son bastante poco respetados. La información que se nos transmite de su gestión por nuestros representantes es mala y poca. Nuestros representantes no nos rinden cuentas, ni se reúnen con nosotros de forma periódica, y si de algo nos enteramos es por la prensa, y todo lo conocido suele ser escandaloso. Nuestros administradores, de forma general también, nos han desfalcado las cuentas de todas nuestras instituciones, y cuando nos hemos enterado ha sido ya en el peligroso momento de la quiebra. Hay que estar muy ciego para no ver que este sistema de democracia representativa ha funcionado mal con distintos partidos, con distintas personas, en tiempos de bonanza y en tiempos de crisis. Y no podemos echar la culpa de ese fallo a la democracia. No ha fallado la democracia, nos han fallado los representantes. Nos han fallado los políticos, y nos han fallado por falta del control de los ciudadanos que hemos actuado con absentismo total delegando también el control de los políticos en los propios políticos a los que hemos entregado nuestra administración, nuestra legislación y nuestra justicia. Nos fabricaron una democracia muy cómoda, a la antigua usanza, en la que los ciudadanos no participasen en nada, y claro, eso no es una democracia. La democracia es tanto más democracia cuánto más participativa sea. En el pasado la participación ciudadana era algo complicado con los sistemas de comunicación e información existentes, pero hoy eso ha cambiado. Hoy tenemos medios de comunicación y medios de información que posibilitan diseñar una democracia más participativa e inteligente. No se trata de que los ciudadanos sustituyan a los políticos. No. Necesitamos políticos que cumplan sus funciones ejecutivas y legislativas. Necesitamos políticos. Pero necesitamos buenos políticos, no esto que tenemos. No necesitamos falsos y malos políticos como los actuales, que sólo sirven para hacer trampas protegidos por un sistema democrático opaco que los protege para que incumplan con sus funciones y corrompan todo lo que tocan. Pero los ciudadanos no podemos gobernar ni escribir las leyes, sino sólo controlar. Los ciudadanos sólo tenemos que hacernos presentes para recibir las debidas cuentas de los actos de los políticos de forma frecuente, periódica y puntual: todos los meses. Los ciudadanos debemos poder evaluar a los políticos en base a sus acciones de forma periódica, frecuente y puntual: cada seis meses. Las evaluaciones de los ciudadanos tienen que alcanzar tanto a la sanción de las leyes presentadas por los diputados, como a las cuentas de gestión rendidas por los gobernantes, de forma que las leyes sean aprobadas o rechazadas por el pueblo y que los gobernantes sean nombrados y cesados por el pueblo, no por estos falsos representantes actuales que no han hecho otra cosa en todos estos años que despreciar al pueblo y engañarnos miles de veces. El pueblo debe turnarse en su función evaluadora. No es necesario que todos estemos pendientes de votar cada seis meses, ni que tengan que hacerlo siempre los mismos. Podemos turnarnos, como lo haríamos para cumplir funciones de vigilancia en nuestro barrio. No hace falta un referendum para aprobar una ley, o para evaluar la gestión de seis meses de un alcalde. Hay submultiplos del referendum, que no es sino una unidad de medida de la opinión pública, como lo es el metro de la longitud. Un milireferendum a nivel de circunscripción nacional, vendría determinado por todos aquellos ciudadanos con derecho a voto cuyas tres últimas cifras del dni fueran coincidentes una tupla de tres cifras obtenida al azar. Con esa fórmula, cada opinión del pueblo vendría extraída de un censo de unos 40.000 ciudadanos cambiantes en cada ocasión, con lo que harían falta que se realizasen mil votaciones para que un ciudadano tuviera que repetir. Suponiendo que en un año se realizasen, pongamos que 10 votaciones a nivel nacional, harían falta que transcurriesen 100 años para que un mismo ciudadano tuviese que participar dos veces a este nivel. Lo que permite concluir que el esfuerzo participativo no es que sea exagerado, sino muy llevadero si lo compartimos entre todos. Pero en síntesis, lo que la constitución dice es que España es un Estado democrático. Eso es indiscutible. Dentro de eso cabe ser más directamente democrático, o menos directamente democrático, como somos ahora. Yo creo que merece la pena que ese gradiente de democracia sea cuanto más directo mejor, pero en cualquier caso yo entiendo que en este asunto merece la pena pensar y ensayar algo que mejore el sistema, y en mi opinión ese ensayo debe dirigir a hacerlo más democrático, no menos.

Dice también la constitución que España es un Estado de Derecho. Esto es, la soberanía para aprobar las leyes reside en el pueblo, actualmente por medio de sus representantes (los diputados las redactan indirectamente por el pueblo, y se las presentan al pueblo, indirectamente representado también, de forma unipersonal en este caso, por el jefe del estado, para su sanción). El pueblo puede sancionar leyes nuevas, y derogar o cambiar las antiguas, pero las leyes aprobadas, mientras no sean cambiadas o derogadas por el procedimiento normalizado y sancionadas por el pueblo, deben cumplirse por todos. Y las nuevas leyes no pueden tener un carácter retroactivo. Eso es un Estado de Derecho: un estado en el que la ley está por encima de todo y de todos. Y por eso, entre otras cosas, el parlamento catalán no puede declarar la independencia mientras esté vigente una constitución que votaron los españoles de toda España en el año 1978, que son los mismos que actualmente podrían cambiar esta constitución y cualquier otra ley.

Dice, como es natural tratándose de una democracia, que la soberanía nacional reside en el pueblo español.

Dice en su artículo 2 que la constitución se basa en la indisolubilidad de la nación española.

Habla también la constitución en su artículo 3 de la lengua oficial del Estado: el español. Y en su artículo 4 de la bandera: La roja y gualda que todos conocemos. Y los consagra como dos símbolos del Estado.

Básicamente con estos cuatro artículos ya ha dicho las cosas más importante. Redundar en ellas, como lo hace en el artículo 9, no era necesario. Ya ha dicho que España es UN ESTADO, que es SOCIAL, DEMOCRÁTICO, de DERECHO. De forma redundante ha repetido que LA SOBERANÍA NACIONAL RESIDE EN EL PUEBLO ESPAÑOL. Ha proclamado la INDISOLUBILIDAD DE LA NACIÓN ESPAÑOLA. Y ha definido algunos de los símbolos del Estado: la LENGUA OFICIAL y la BANDERA.

Pero, en mi opinión, le han quedado algunas cosas importantes por decir,  y que son imprescindibles en una constitución que pretenda ser duradera. Por ejemplo:

Le ha faltado hablar de nuestro PATRIMONIO GENERACIONAL INDIVISIBLE, legado de forma solidaria e indisoluble al pueblo español por múltiples generaciones de antepasados, como una razón importante y motivadora de nuestra indisoluble unión.

Le ha faltado añadir un par de símbolos más en los que el pueblo español quiere verse representado: su HIMNO y su JEFE DEL ESTADO.

Y le ha faltado explicar que es lo que va a ocurrirle inevitablemente a cualquiera que manifieste enfrentamiento, falta de respeto, u oposición con los principios y valores que consagra la constitución: con el estado de derecho, con la práctica democrática, con el pueblo español, con su soberanía, con la indisolubilidad del estado, con la libertad, con la justicia, con la igualdad, y con cualquiera de los símbolos del Estado. Le ha faltado sancionar que cualquier acto de este tipo será considerado como delito de traición y que el culpable va a ser castigado con la pérdida de la nacionalidad y el resto de los derechos de un ciudadano español y con la extradicción a algún país con el que se firme el oportuno convenio.

Todas esas pequeñas, pero vitales, determinaciones le faltan a nuestra constitución, y bien que se ha notado su falta en todos estos años. Con estas determinaciones, es posible que Artur Más u Oriol Junqueras pudieran haber llegado a ser personajes conocidos en la actualidad, lo que es más difícil de imaginar es que esa fama la hubiesen logrado por constituirse en líderes del independentismo catalán.

En mi opinión también le sobran varias cosas a este título preliminar para darlo por válido y suficiente para servir por sí solo como una auténtica constitución. También, en todos estos años, algunas de ellas se han dejado notar como especialmente molestas e inoportunas. Por ejemplo:

¿A cuento de qué viene decir en el artículo 2 de la constitución española que se reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran? ¿Y por qué no de los pueblos, de las provincias, que al menos éstos existían jurídicamente en el momento de redactar la constitución? ¿Por qué no también se reconoce el derecho a la autonomía de los ríos y de los montes, que también existen y se merecen respeto? ¿No es la constitución española lo que se está escribiendo?¿A qué viene quitarle el protagonismo que le corresponde totalmente a la nación en estos momento y hablar de algo tan secundario como las autonomías, que no van a ser otra cosa en el futuro que una organización administrativa?¿Por qué darle ese protagonismo político a unos entes aún inexistentes que los ciudadanos de aquel tiempo no llegaron ni a imaginar a qué se referían con ello? Esa mención a las autonomías es una capitulación bochornosa que a unos ciudadanos ignorantes nos colaron de matute en aquella constitución, y que ahora, deberíamos hacer desaparecer de ella cuánto antes mejor.

Igualmente sobran de la constitución las citas en las que se da el rango de lenguas oficiales a las lenguas regionales, y las que reconocen como banderas oficiales en sus respectivos territorios a las banderas autonómicas. España es un sólo Estado, y en un Estado sólo hay una lengua oficial. A nivel no oficial se podrán hablar todas las lenguas que se quiera, libremente, desde el chino al latín, pero, lengua oficial, para uso en actos o servicios oficiales y como vehículo en la enseñanza, sólo puede haber una. Y bien clara ha sido la cantidad de problemas que nos ha traído esta simpática concesión. Y con el tema de la bandera igual: un estado, una bandera. Un Estado un himno. Un Estado un Jefe de Estado. Lo demás fueron capitulaciones vergonzosas. Y ya es el momento de anularlas.

Sobra igualmente, por falta de enjundia, escribir dentro de la constitución un artículo 5 para indicar que la capital del estado es Madrid. Eso fuera de la constitución, en una ley orgánica que regule la administración territorial del Estado puede tener cabida, pero no en una constitución nacional. Es irrelevante.

Son igualmente irrelevantes y es inadecuado citar dentro de la constitución española ni a los partidos políticos, ni a los sindicatos, ni a las organizaciones empresariales, ni al ejército. Los protagonistas de la constitución son el pueblo y el gran proyecto común de esta unidad de destino en convivencia democrática basada en valores como la libertad, la justicia y el pluralismo político. Todo lo demás debe quedar fuera de la constitución. Habrá leyes orgánicas que traten de todos estos temas. Serán leyes importantes, pero no tan importantes como para estar presentes dentro de la constitución. En la constitución sólo cabe lo esencial. Lo puro. Cuantas menos cosas se incluyan en la constitución más larga vida se le asegura. Por el contrario cuántos más artículo y títulos le añadamos, más oportunidades estamos teniendo para meter la pata y que en breve tiempo nos demos cuenta de que nuestra constitución es un follón de artículos que no conocemos nadie y que al conocerlos nos escandalizamos y quisiéramos cambiarlos. Y eso nos lleva a vivir en un permanente descontento, porque no es fácil cambiar una constitución. Y si un pueblo no conoce su constitución, porque es una enciclopedia, ese pueblo no puede sentirse identificado con su constitución y sentirse orgulloso de ella, hasta el punto de dar por ella su propia vida, que es lo que se debe esperar de una constitución que valga la pena.


No hay un pueblo más admirable que el de las abejas. En este pueblo los individuos viven para la colmena. Todo está dispuesto para asegurar el destino de la colmena. Hay como un código no escrito que le da a cada individuo su lugar en el proyecto social de la colonia. El premio nobel Mauricio Meterling llamó a este código no escrito "el espíritu de la colmena". Hoy ya se sabe que ese código que mantiene unida la colmena es un mensaje que emite la reina por medio de una feromona, cuyo olor impregna todo su habitat y mantiene unidos e informados a cada uno de sus individuos. Pero ese código químico, tan sencillo de entender que se comunica con un simple olor, es tan fuerte y motivador que cualquier componente de la colmena deja su vida por defenderlo. Los humanos no tenemos escrito en nuestro código genético esa identificación y lealtad con nuestro pueblo, por eso necesitamos escribir una constitución que nos oriente y nos marque el camino de identificación y compromiso con nuestro grupo social. Escribamos pues un código sencillo, un bello código, un código que entendamos todos y  del que nos enorgullezcamos, que respetemos y que nos haga respetables.


El haka no es una simple coreografía de un equipo de rugby para impresionar a sus contrarios. Es un código primitivo con el que se identifica el pueblo neozelandes de forma sublime


sábado, 17 de octubre de 2015

Una fábula


Para escuchar antes de leer. Dedicado especialmente a mi amigo Fernandito Calpena, celebrando su total restablecimiento, 

El otro día, un amigo empresario, me enseñaba las instalaciones de su negocio de hostelería, mientras se quejaba de la crisis que pronto le iba a obligar a cerrar.
  • Creo que tienes ratones-le dije.
  • No, es imposible. Lo tenemos desratizado. Mira. - y me enseñó un letrero colgado en la entrada en el que se proclamaba oficial y pomposamente la ausencia de roedores e insectos.
  • Perdona, pero yo he visto excrementos por varios sitios. Si quieres te envío a un experto que venga a hacerte una inspección.
  • Por supuesto, puedes enviarlo, pero te aseguro que aquí no hay roedores.

Mi amigo, el experto, encontró roedores. Y muchos. Descubrió que el propio recepcionista del establecimiento era un roedor. Era el mismo rey de los roedores disfrazo de recepcionista. Tenía además, este recepcionista,  el poder mágico de convertir a los clientes en roedores sin que se diesen ni cuenta. Es más, descubrió que el objetivo inmediato de los ratones era declarar la independencia de la cocina, a la que llamarían República de Ratolandia, y quedársela para ellos.

Mi amigo, el empresario, se negó a dar crédito al informe. Para él, el certificado colgado en la pared era salvaguarda y garantía total. Lo que ponía aquel certificado oficial era más verdadero, para él, que sus propios ojos.

Un día, mi amigo, el empresario, encontró un ratón comiendo de su bocadillo del almuerzo. Ya no tuvo más remedio que admitir la realidad y, a partir de ahí, empezó a ver lo nunca visto: los ratones se paseaban por la cocina, por los almacenes, por el comedor, y hacían sus necesidades encima de los alimentos almacenados que luego se servían a sus clientes.

  • Tiene que empezar a combatir a los ratones. Debe echarlos fuera, o acabarán con su negocio. Pero, en primer lugar, de forma urgente, tiene que despedir al recepcionista. Debe poner un encargado dedicado a colocar trampas, y a perseguir a los ratones y echarlos a la calle, hasta que no quede ni uno. Debe añadir al letrero que advierte que su negocio está libre de ratones, una coletilla para establecer públicamente un procedimiento continuado de lucha contra los roedores. - le aconsejó el experto.
  • Pero, ¿Cómo me pide que ponga en el letrero algo tan duro? ¿Cómo me pide que despida al recepcionista? ¿Cómo quiere que eche a los pobres ratones a la calle? Muchos han entrado aquí como clientes y se han convertido en roedores dentro del propio establecimiento.
  • ¿Pero, usted quiere ver su negocio libre de ratones o le da igual?
  • No, no, yo quiero que mi negocio este libre de ratones, como pone en el letrero.
  • Pues entonces, amigo mío, tiene que actuar. Déjese de timideces y luche por los intereses de sus clientes, de la misma forma que su recepcionista está luchando por los intereses de sus congéneres y súbditos: A cara de perro. El recepcionista es un héroe y un patriota para los ratones, pero para su negocio es un traidor. Los ratones son unos animalillos inofensivos, pero para su negocio son enemigos públicos a los que debe declarar la guerra abierta. Cambie el cartel y empiece con la cacería ya, si quiere que sus clientes le empiecen a mirar a usted como su propio héroe, y no como un traidor a su propio negocio y a su propia especie, que permite que le dividan el restaurante y le arrebaten, nada menos, que la cocina.

Este ejemplo guarda un cierto paralelismo con el tema de la Reforma Constitucional que vengo desarrollando en el blog. El letrero que nadie respeta , ése que garantiza la ausencia de roedores, es equivalente al artículo 2 de nuestra constitución que solemnemente proclama que:

“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.” 

Es exactamente el mismo caso de aquella piscina pública en que el vigilante se dirige a un bañista para preguntarle si no ha visto el cartel de la entrada, que indica que no se puede orinar en la piscina, a lo que el bañista  responde: “ ¿No? ¿Y cómo estoy yo pudiendo?"

¿Qué pasa, cuando pasa todo lo que ha venido pasando, poco a poco, a ojos vistas, desde el día siguiente a la promulgación de la constitución? ¿Qué pasa cuando un presidente de comunidad autónoma se atreve a decir que él lo que persigue es la independencia, cuando dice que su autonomía no forma parte de la unidad española, cuando dice que va a realizar una consulta, y unas elecciones plebiscitarias, cuando asegura que dentro de 18 meses serán independientes?

Pues pasa que hay que reconocer que el cartel estaba sin terminar, y así no sirve para nada. Que hay que reformar el cartel rápidamente. Que hay que escribir que el establecimiento estará siempre libre de roedores, que los roedores se declaran ilegales y enemigos del negocio, que su presencia se investigará de forma constante y que cualquier roedor que sea descubierto en el interior sera inmediatamente cazado y expulsado. Y eso, que no parece que vaya a pasar, es lo único que podría reflotar este negocio que, al paso que va, pronto tendrá que poner el cartel de cerrado por quiebra total.



martes, 13 de octubre de 2015

 Los defectos de nuestra constitución.

Una Reforma Constitucional debe ser algo excepcional. En la vida de un pueblo, un cambio en su constitución es algo comparable a una operación a corazón abierto. O sea que no es cosa para tomarla por costumbre y repetirla de vez en cuando.

La propia C.E. (Pulsar en el siguiente vínculo mientras se presiona la tecla Control para acceder al texto completo de la C.E. http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/constitucion.html ), dedica su título X a determinar el procedimiento a seguir en una Reforma total o parcial de la constitución.

Así, para iniciar un proceso de reforma es necesario:
  1. Que la propuesta de reforma sea aprobada por dos tercios de cada cámara (filtro político nº1).
  2. Acto seguido, en su caso, se procedería a la disolución inmediata de las cortes y a la convocatoria de elecciones generales para elegir unas nuevas cortes constituyentes (dificultad social nº 1: La sociedad tiene que aguantar una una nueva molesta campaña, pagarla, perder un día votando, y contemplar, después, como los partidos negocian unos con otros, intercambiando sus votos como si de cromos se tratase, llegando a cambiar el sentido del voto ciudadano, que siente que al final le han vuelto a tomar el pelo).
  3. Las nuevas cámaras elegidas, deberán ratificar la decisión de reforma, o abortarla (filtro político nº 2), y, en caso afirmativo, proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por la mayoría de dos tercios de ambas cámaras (filtro político nº 3).
  4. En el caso de que esos dos tercios aprueben el texto, será sometido de forma inmediata a referendum general para su ratificación por el pueblo (filtro del pueblo nº1 y dificultad social nº 2).

O sea: zafarrancho general en medio de una tormenta del carajo.

Pero obsérvese que los filtros que ha de pasar una reforma antes de llegar al pueblo son filtros de políticos (nada menos que 3). Si a ellos, a los políticos, mayoritariamente, no les interesa una reforma constitucional, van a tener tres ocasiones para abortarla antes de que llegue al pueblo. Curiosamente, las motivaciones que puede tener un pueblo en una reforma constitucional, como la actual, es la hartura general que tenemos todos de los políticos y los privilegios que esta constitución les brinda. Y resulta que, lejos de tener en nuestra mano la posibilidad de emprender esta iniciativa, dependemos triplemente de ellos, de los presuntos culpables, para que se lleve adelante una reforma en la que, en ningún caso, vamos a tener la menor posibilidad, nadie que no sea presunto, de aportar ni manifestar un sólo pero.

Nos quieren hacer sentir la constitución como algo propio, algo querido, algo sentido, algo que debemos defender, pero no se dan cuenta de que han escrito una cosa distante, imposible de leer, de entender, de identificarse con ella. No es nuestra, es suya ¿Cómo pretenden que la queramos? Sin embargo así debería ser, esto es, deberíamos conocerla, sentirnos identificados con ella, respetarla y hacerla respetar. La constitución es algo intangible, pero es esencial para la existencia de un pueblo. Debería ser como el espíritu que mantiene unida la colmena. Pero ¿En qué consiste ese espíritu?¿Cómo lo podemos reconocer?

Una nación no es su gobierno, ni su ejército, ni sus geografía, ni su historia. Todo eso son herramientas de la nación, o datos acerca de su ubicación espacial o temporal, pero ninguna de esas cosas constituye la esencia de una nación. 

Una nación es básicamente un pueblo unido. Eso es una nación. Y esa unión conlleva también la existencia de un patrimonio en común generado a lo largo del tiempo. Ese patrimonio es un legado generacional que se recibe en forma solidaria. No es posible repartirlo. Un matrimonio se puede separar. Es doloroso, pero es posible. El acto de la separación matrimonial sólo afecta a dos partes y a los posibles hijos. Es decir, cuantitativamente, la disolución de un matrimonio afecta a pocos. El patrimonio matrimonial, generado por los propios cónyuges, es relativamente fácil de repartir. 

Pero ¿Cómo poner de acuerdo en la conveniencia de una separación a 40.000.000 de partes, de las que sólo unas cuantas de ellas están interesadas? ¿Cómo se reparte un patrimonio, físico y espiritual, activo y pasivo, que se ha recibido de forma no explícita, solidaria, de manera ininterrumpida a lo largo de años, de vidas y de muertes, y del que no existe ni inventario ni valoración? 

En la esencia de un pueblo se encuentra, en primer lugar, ese intangible que denominamos indisolubilidad de la nación. Ese irrenunciable derecho, y deber,  a mantener el legado generacional en su integridad es la primera razón de nuestra existencia como pueblo con un origen y un destino común. Otro intangible de ese espíritu de congregación debe ser el derecho, y el deber,  a la soberanía por parte de ese pueblo. Esto es, el derecho de ese pueblo a tomar democráticamente las decisiones sobre los asuntos públicos, sin filtro alguno que se lo impida. Y el deber de no aceptar que nadie tome esas decisiones por él. 

Ese tipo de intangibles como la indisolubilidad y la soberanía, son los asuntos que merecen quedar escritos y blindados en una constitución. Esos valores y otros parecidos, todos ellos referidos al pueblo en general, son los que una constitución debe defender y blindar por escrito. La constitución es un proyecto a largo plazo. Sin término diría yo. A mi entender, sólo una fusión con otros pueblos para formar un ente superior es lo que podría ponerle fin. La constitución debe se un documento ilusionante, conmovedor, apasionante que anime a un pueblo a moverse unido y le haga sentirse siempre dispuesto y atento a continuar con su proyecto de aventura, con su futuro en común. Un conjunto de razones e ideales, insoslayables por un lado, ilusionantes por otro, que nos animen y nos orienten en el largo camino. Algo que nos permita reconocernos a unos con otros con orgullo. Un perfil de pueblo con el que nos identifiquemos, que amemos, que respetemos y que nos haga dignos de respeto ante los ojos de los demás. Un conjunto de ideales a los que aspiramos como pueblo: unas leyes rectas y nobles, una justicia limpia, una sociedad libre, igualitaria, solidaria, culta, amigable, pacífica, .. un pueblo que aspira a ser feliz. Ése es el espíritu que un pueblo debe poner por escrito en su constitución. El espíritu que debe proteger y guardar en el cofre blindado de su constitución. Una constitución que debe darse a conocer y enseñar a respetar y a querer ya a los niños en las escuelas. Una constitución no es un contrato notarial, ni mercantil, ni una enciclopedia de 169 artículos. Una constitución es un juramento, un pacto de sangre que compromete a su cumplimiento desde antes y hasta después de nuestra propia vida. Eso es la constitución. Y eso cabe en un simple pliego. No hacen falta 10 títulos y 169 artículos, ni llenar páginas y páginas con términos jurídicos que sólo entienden los abogados. Ésa es la esencia y el contenido de la constitución: el espíritu de un pueblo. Eso es lo que debe figurar en el pliego constitucional.

Lo que no debe figurar en ese pliego, al lado del espíritu, son las herramientas de que se va a dotar ese pueblo para realizar ese largo viaje. Esas herramientas son importantes e imprescindibles para que ese pueblo avance, pero no son esenciales, ni inmutables. Al contrario, esas herramientas hay que mantenerlas siempre en perfecto funcionamiento, hay que engrasarlas, afilarlas, llevarlas a reparar e incluso renovarlas cuando se queden viejas u obsoletas. No podemos blindarlas. Al contrario hay que observarlas continuamente para descubrir sus imperfecciones, y, en su caso, repararlas. No deben conservarse esas herramientas en el mismo arca de la constitución, porque son de distinta naturaleza, composición, duración y uso. Sí, hacen falta leyes orgánicas que definan y regulen la Jefatura del Estado, el Gobierno, el Parlamento, la Institución de Justicia, etc, pero, esas leyes orgánicas deben estar fuera de la constitución. No deben gozar esas leyes del carácter de inmutabilidad que les da el formar parte de la constitución como títulos integrados en ella. La constitución es algo perfecto que no necesita retoques y no debe asociarse con múltiples entidades orgánicas importantes, pero imperfectas y sujetas a perfeccionamiento en cualquier momento en que se vea necesario, sin dilación, y cuanto más oportunamente mejor. Esa unión absurda de lo esencial con lo accesorio, de lo espiritual con lo material, en el seno de nuestra constitución actual nos ha conducido durante todos estos años a través de un camino accidentado plagado de obstáculos insalvables, que ha generado una convivencia difícil y conflictiva.

He aquí, por tanto, la primera reforma que habría que hacer de forma indispensable en nuestra constitución. Hay que soltar lastre. La constitución es, simplemente, el contenido de su título preliminar, por supuesto perfeccionado, porque el actual es cobarde y desapasionado. No está hecho pensando en reflejar y magnificar la esencia del pueblo español, sino desde la desconfianza hacía el pueblo español de unos padres constituyentes que por unas u otras razones no eran personas apropiadas para redactar la constitución que este pueblo se merece y necesita como apoyo para tan largo viaje.


jueves, 8 de octubre de 2015

Reflexiones históricas contadas a nivel infantil:

Durante los centenares de años de Historia de España, si contamos desde los Reyes Católicos, en pocos de ellos habrá existido una constitución escrita. Había otras razones que mantenían viva nuestra convivencia armónica: una fuerza, una autoridad, un respeto, una confianza, unas limitaciones, una sangre vertida, unas conveniencias, un pasado en común, unos peligros externos, una rutina,.....

Pero, en algún momento, y en algún lugar lejano, surgieron razones que justificaron que aquel espíritu que mantenía unido a los pueblos se plasmara por escrito. Y las distintas naciones del mundo empezaron a darle forma a sus respectivas constituciones, aunque aquellos pueblos para los que se escribían aquellas constituciones en su mayor parte no supieran leer.

En 1978, surgió en España nuevamente una razón que empujó a darle forma escrita al alma del pueblo. Se había muerto de viejo, el viejo que mandaba desde hacía 40 años sin necesidad de constitución escrita, porque la constitución, en realidad, era él. Y entonces aparecieron muchos nuevos políticos que ahora querían mandar ellos. Unos con más y otros con menos, pero todos con fuerza suficiente para hacerse daño unos a otros y, de rebote, a todos en general. De modo que, era claro, había que escribir algo que normalizase la situación de una forma buena para todos, y excelente para ellos. Había que iniciar un rumbo nuevo, pero sin romper bruscamente con la inercia del rumbo anterior. Así que entre todos ellos decidieron hacer algo sólido, algo preciso, difícil de cambiar y con suficientes detalles determinados que impidiesen que otra vez, de un golpe, se pudieran poner las cosas patas arriba. De modo que decidieron redactar una constitución. Pero esta vez iban a hacer las cosas bien:

     - Nada de alma. El alma es volátil. Necesitamos algo firme. Hay que hacer un cuerpo completo. Con todos sus órganos ya formados y organizados para siempre.

     - ¿Para siempre? Pero, los órganos se desgastan, el cuerpo tiene que crecer y cambiar, poco a poco. El alma no necesita recambios exteriores, crece sola, es inmaterial y eterna, pero, el cuerpo se desgasta.

    - Hagamos un robot. Un robot con todos sus órganos de acero inoxidable. Todos sincronizados por una constitución que sea un programa informático que lo disponga todo de forma perfecta, para siempre.

Y así fue como metieron la pata. 

Ha pasado el tiempo. El acero inoxidable se ha dañado. Los órganos internos van lentos, son pesados y su funcionamiento carísimo. Ahora hay programas informáticos más modernos. El pueblo se ha aburrido ya del puñetero robot que va por todas partes pegando pisotones a todo el mundo y rompiéndolo todo. Y, fundamentalmente, los que se conformaron antes con que mandasen otros, ahora ya quieren mandar ellos. Están absolutamente revueltos, no les vale con ser las células principales de los órganos más importantes del robot: del cerebro, del corazón, del hígado. Quieren ser todos el programa informático que lo dirige todo. Quieren ser todos la propia alma del robot, y si hay que hacer una constitución nueva para cada uno. Pues venga, hágase.

Pero es justo también ponerse en el lugar de los que tienen que redactar el texto de una reforma. Es como si a un cirujano le pusieran delante un cuerpo y le dijeran:
  • Opere este cuerpo.
  • ¿De qué debo operarlo?
  • De todo. Una vez lo tenga abierto, tiene que aprovechar y repararle todo lo que tenga averiado, porque no nos vamos a ver en otra. Así que cerebro, corazón, hígado, riñones, articulaciones..... Corte y pegue lo que haga falta, pero, dese prisa, porque se trata de un cuerpo imprescindible y tiene que volver a funcionar lo antes posible. Y que quede bien, por Dios, porque, si no, habremos hecho un pan como unas tortas.
Más o menos ése es el plan.

Y ahí tenemos al cirujano, planteándose cómo le mete mano a aquella barbaridad que le proponen. Él está acostumbrado a operar una rodilla, a hacer un trasplante de riñón, a eliminar un tumor o a reparar una arteria dañada. Se pueden operar todas esas cosas si se hace poco a poco, con un análisis previo de los daños, con una fase de recuperación intermedia del enfermo y del cirujano, pero ¿todas el mismo día? ¿al mismo cuerpo? ¿sacar varios cuerpos de uno sólo?


¿Qué hacemos con las autonomías?¿Sería oportuno crear una confederación de estados?¿Y la monarquía? ¿La dejamos, o instauramos la república? ¿Eliminamos el senado?... ¿Qué es lo que va a salir de aquí? ¿Y el pueblo? ¿Cómo le presentamos al pueblo todo este cambio revuelto para que lo apruebe en una sola pregunta Sí/No? Sí o No, a lo de la república, a lo del estado federal, a otra vez que sí a lo del senado. Total 169 artículos, cada uno disponiendo algo importante, para que los aprobemos todos con una sola respuesta. 

La suerte, en este caso, no es que haya muchos que no saben leer, que eso no es cierto, pero ¿habrá alguien dispuesto a leerse, en los 20 días de campaña, los 169 artículos con atención?¿Y de ésos que los lean habrá alguno que sea capaz de reflejar responsablemente su acuerdo o desacuerdo con un solo Sí o No?


miércoles, 7 de octubre de 2015

En la última entrada del blog, intenté incluir unas canciones de Nicola di Bari, ya que ese día pude verle en el programa que hace Juan Imedio en Canal Sur por las tardes. Le hicieron una pequeña entrevista y cantó una canción. En la actualidad tiene 75 años, y ahí está, haciendo una gira por España. 

Por lo que sea, el vídeo que comprimí con cinco canciones suyas para incluirlas en la anterior entrada, no se ve, de modo que, he unido algunas de estas canciones a otro vídeo con unas fotografías muy bonitas tomadas desde el aire por un dron, que es el que adjunto ahora. Este vídeo me llegó por correo electrónico de mi amigo Alfonso. Traía otra música muy bonita del Enya, pero yo la he cambiado por la de Nicola di Bari que hacía tantos años que no escuchaba. Espero que os guste y disculpéis los fallos de edición. Os recomiendo maximizar la imagen para abrir el vídeo en toda la pantalla, pues las fotos son muy bonitas, y, si te imaginas que vas subido en el dron, aún más.