jueves, 8 de octubre de 2015

Reflexiones históricas contadas a nivel infantil:

Durante los centenares de años de Historia de España, si contamos desde los Reyes Católicos, en pocos de ellos habrá existido una constitución escrita. Había otras razones que mantenían viva nuestra convivencia armónica: una fuerza, una autoridad, un respeto, una confianza, unas limitaciones, una sangre vertida, unas conveniencias, un pasado en común, unos peligros externos, una rutina,.....

Pero, en algún momento, y en algún lugar lejano, surgieron razones que justificaron que aquel espíritu que mantenía unido a los pueblos se plasmara por escrito. Y las distintas naciones del mundo empezaron a darle forma a sus respectivas constituciones, aunque aquellos pueblos para los que se escribían aquellas constituciones en su mayor parte no supieran leer.

En 1978, surgió en España nuevamente una razón que empujó a darle forma escrita al alma del pueblo. Se había muerto de viejo, el viejo que mandaba desde hacía 40 años sin necesidad de constitución escrita, porque la constitución, en realidad, era él. Y entonces aparecieron muchos nuevos políticos que ahora querían mandar ellos. Unos con más y otros con menos, pero todos con fuerza suficiente para hacerse daño unos a otros y, de rebote, a todos en general. De modo que, era claro, había que escribir algo que normalizase la situación de una forma buena para todos, y excelente para ellos. Había que iniciar un rumbo nuevo, pero sin romper bruscamente con la inercia del rumbo anterior. Así que entre todos ellos decidieron hacer algo sólido, algo preciso, difícil de cambiar y con suficientes detalles determinados que impidiesen que otra vez, de un golpe, se pudieran poner las cosas patas arriba. De modo que decidieron redactar una constitución. Pero esta vez iban a hacer las cosas bien:

     - Nada de alma. El alma es volátil. Necesitamos algo firme. Hay que hacer un cuerpo completo. Con todos sus órganos ya formados y organizados para siempre.

     - ¿Para siempre? Pero, los órganos se desgastan, el cuerpo tiene que crecer y cambiar, poco a poco. El alma no necesita recambios exteriores, crece sola, es inmaterial y eterna, pero, el cuerpo se desgasta.

    - Hagamos un robot. Un robot con todos sus órganos de acero inoxidable. Todos sincronizados por una constitución que sea un programa informático que lo disponga todo de forma perfecta, para siempre.

Y así fue como metieron la pata. 

Ha pasado el tiempo. El acero inoxidable se ha dañado. Los órganos internos van lentos, son pesados y su funcionamiento carísimo. Ahora hay programas informáticos más modernos. El pueblo se ha aburrido ya del puñetero robot que va por todas partes pegando pisotones a todo el mundo y rompiéndolo todo. Y, fundamentalmente, los que se conformaron antes con que mandasen otros, ahora ya quieren mandar ellos. Están absolutamente revueltos, no les vale con ser las células principales de los órganos más importantes del robot: del cerebro, del corazón, del hígado. Quieren ser todos el programa informático que lo dirige todo. Quieren ser todos la propia alma del robot, y si hay que hacer una constitución nueva para cada uno. Pues venga, hágase.

Pero es justo también ponerse en el lugar de los que tienen que redactar el texto de una reforma. Es como si a un cirujano le pusieran delante un cuerpo y le dijeran:
  • Opere este cuerpo.
  • ¿De qué debo operarlo?
  • De todo. Una vez lo tenga abierto, tiene que aprovechar y repararle todo lo que tenga averiado, porque no nos vamos a ver en otra. Así que cerebro, corazón, hígado, riñones, articulaciones..... Corte y pegue lo que haga falta, pero, dese prisa, porque se trata de un cuerpo imprescindible y tiene que volver a funcionar lo antes posible. Y que quede bien, por Dios, porque, si no, habremos hecho un pan como unas tortas.
Más o menos ése es el plan.

Y ahí tenemos al cirujano, planteándose cómo le mete mano a aquella barbaridad que le proponen. Él está acostumbrado a operar una rodilla, a hacer un trasplante de riñón, a eliminar un tumor o a reparar una arteria dañada. Se pueden operar todas esas cosas si se hace poco a poco, con un análisis previo de los daños, con una fase de recuperación intermedia del enfermo y del cirujano, pero ¿todas el mismo día? ¿al mismo cuerpo? ¿sacar varios cuerpos de uno sólo?


¿Qué hacemos con las autonomías?¿Sería oportuno crear una confederación de estados?¿Y la monarquía? ¿La dejamos, o instauramos la república? ¿Eliminamos el senado?... ¿Qué es lo que va a salir de aquí? ¿Y el pueblo? ¿Cómo le presentamos al pueblo todo este cambio revuelto para que lo apruebe en una sola pregunta Sí/No? Sí o No, a lo de la república, a lo del estado federal, a otra vez que sí a lo del senado. Total 169 artículos, cada uno disponiendo algo importante, para que los aprobemos todos con una sola respuesta. 

La suerte, en este caso, no es que haya muchos que no saben leer, que eso no es cierto, pero ¿habrá alguien dispuesto a leerse, en los 20 días de campaña, los 169 artículos con atención?¿Y de ésos que los lean habrá alguno que sea capaz de reflejar responsablemente su acuerdo o desacuerdo con un solo Sí o No?


No hay comentarios:

Publicar un comentario