jueves, 10 de diciembre de 2015

Temas tabú

Hay algunos temas de los que no se puede hablar. Son temas sagrados. Temas asentados. No hay fórmulas de sustitución que justifiquen que se abra la delicada caja que los protege. La constitución de un pueblo es una de esas cajas. La caja de la constitución encierra algunos temas que representan la esencia de ese pueblo. Abrirla, es un atrevimiento o una irresponsabilidad, porque el sólo contacto con el exterior puede contaminar a los sagrados valores allí contenidos.

Pero tampoco se debe utilizar esa caja protectora para cobijar en ella otros asuntos o valores a los que no corresponda estar dentro de ese lugar sagrado. Precisamente porque la presencia inapropiada de esos valores en ese lugar inmutable convertirá, a corto plazo, esos valores en obsoletos e inútiles y, por otro lado, motivarán en los ciudadanos deseos justificados de abrir la caja sagrada, y que ésta, así, deje de serlo.

Los valores sagrados se respetan, se veneran, se protegen. Hace unas noches pusieron en algún canal de tv La Búsqueda 2. Una simple película de aventuras, de entretenimiento, pero que transmite al espectador una imagen perfecta del respeto que el pueblo americano siente por los símbolos que identifican a sus ciudadanos con su patria: su carta magna, sus leyes, su historia, su bandera, su himno, su presidente,.... En cada manifestación deportiva celebrada en cualquier lugar de EEUU, un partido de baloncesto, por ejemplo, entre dos equipos como Madrid y Barcelona, a su inicio, todos los espectadores cantan el himno con la mano al pecho y nadie se atreve ni a hablar mientras lo cantan. Anoche, en el debate a 9 que se celebró en la 1, el representante del PNV y el de Democracia y Libertat, con toda la osadía que les ha proporcionado el permanente encogimiento patriótico que han sembrado en nuestra conciencia ciudadana, durante 37 años, unas camadas de políticos incompetentes e impresentables, se atrevieron a desafiarnos una vez más sobre el tema de los límites de nuestra patria, que no la suya. Añadieron que estaban en aquel debate por ayudarnos a salir de la penosa situación en que nuestra incapacidad congénita nos mantiene. El representante de IU, por su parte, aprovechó para llamar corrupto al Jefe del Estado.

Y no pasa nada. Nuestra constitución no es una caja sagrada. No protege debidamente a los valores que guarda en su interior. Y yo creo que es por culpa de que en su interior hay valores que deberían estar fuera. Por ejemplo, la regulación de la Jefatura del Estado debería ser una ley externa a la constitución, porque, realmente, no es un tema esencial para España. En distintos momentos de la historia hemos tenido jefes de estado que han sido monarcas, o militares, o civiles, y eso no ha quitado, ni ha dado, ningún plus al pueblo español. Obviamente, mientras sea la que es, esa figura se respeta. La indisolubilidad del estado, en cambio, sí que es un tema tabú, un tema protegido y prohibido. Por la sencilla razón de que es un tema, técnicamente insoluble. No hay forma humana de dar solución satisfactoria a un reparto de la patria entre 40 millones de personas que han nacido con la carta de la nacionalidad española en el bolsillo. Un independentista catalán, tiene un carné de nacionalidad igual que un señor de Extremadura. En el lugar donde se escribe la nacionalidad, pone española, no catalana, ni extremeña. Tanto derecho a sentir que la Sagrada Familia es de uno, como del otro. No es de ninguno, sino del pueblo español, que tiene además la obligación de defenderla de vándalos y de locos. La localidad de nacimiento es una circunstancia aleatoria y no concede derecho de propiedad, ni poder de decisión sobre lugar o ley alguna. La nacionalidad nos concede tan sólo el derecho de usufructuar el estado en el que hemos nacido con el resto de los 40 millones de ciudadanos que tienen nuestra misma e igual nacionalidad.

La caja de nuestra constitución está sobresaturada. Hay dentro de ella muchos temas que no deberían estar allí, y están contaminando no sólo a la caja, sino también a los auténticos valores que deberían estar dentro. ¿Cuáles son esos valores sagrados? Sólo 4, se determinan en esta sencilla frase: “España es Un estado Social Democrático de Derecho”. Ya está.

Un estado. No 17. El estado lo formamos 40 millones de ciudadanos vivos y el patrimonio generacional que usufructuamos de forma solidaria. No es divisible. No es repartible. No somos una federación. Si en algún momento fuimos una federación de reinos, al unirse en forma solidaria, sin separación de bienes, imposible de definir esta separación por su extensión e indeterminación, dejamos de serlo. Si algún día los estados de Europa se unen en un solo estado, bajo una constitución, un himno, una lengua oficial y una bandera, obviamente será una unión irreversible, porque a partir de ese momento lo que estaba separado se une de forma, ya y para siempre, inseparable. Salvo por un acto de fuerza, que no respete razones. No se puede dividir el cuerpo del ser vivo. Las células de los pies no pueden reclamar su independencia. Están muy distanciadas de las células de la cabeza, pero son inseparables, salvo que intervenga un Jack el destripador, un demente. Sólo la ignorancia o la demencia puede cuestionar el respeto a esta indisolubilidad.

Social: Los fines del estado son sociales. El estado debe ocuparse de problemas que el individuo no está capacitado a resolver por sí mismo. Los temas que el individuo pueda resolver, no son competencia del estado. Cuando el individuo cae en situación de incapacidad para resolver sus problemas, el estado debe ocuparse de protegerlo. Cualquiera de nosotros podemos perder la razón, podemos vernos durmiendo en la calle, comiendo de los cubos de la basura, incapacitados físicamente para trabajar, en ese momento nuestros problemas de vivienda, de alimentación, de seguridad se convierten en un problema social, y una competencia del Estado. Si un servicio como el alcantarillado, la seguridad de la calle, la custodia de los delincuentes, etc, no es rentable para acometerlo por la iniciativa privada o no es factible de acometerse por medio de sociedades o cooperativas, se convierte en un problema social y en una competencia del estado. Para eso está el estado. El estado no puede asumir como competencias propias la resolución de asuntos que son individuales. No puede comprometerse a suministrar una vivienda digna a todos los españoles, ni una educación universitaria gratuita, porque ni tiene recursos para financiarlo, ni es un fin social, sino una libertad individual de cada ciudadano.

Democrático: Los temas públicos se pueden estudiar por personas especializadas, se pueden mirar desde diferentes puntos de vista y plantear diferentes soluciones para resolverlos por personas expertas y ubicadas en posiciones sociales y culturales diversas. Pero a la hora de tomar una decisión sobre cuál de ellas se aplica, ya esas personas van a suponer en nosotros unas preferencias que los ciudadanos que pagamos los costos y que formamos ese estado, podemos manifestar por nosotros mismos. La decisión legítimamente corresponde tomarla a los 40 millones de ciudadanos. Los expertos y técnicos que han servido para detectar el problema, para analizarlo y para buscarle una solución, ya no sirven para decidir qué solución se aplica. Esa decisión corresponde al pueblo, y entonces estamos hablando de un sistema democrático. O se la atribuye un individuo o una clase o grupo de individuos, y en ese caso estamos hablando de una dictadura o de una partitocracia.

de Derecho: Una sociedad democrática necesita una normas escritas, conocidas y aprobadas por sus socios. Las leyes vigentes en cada momento se pueden cambiar por el procedimiento democrático establecido, pero, mientras tanto, se deben respetar por todos y cada uno de los ciudadanos e instituciones del estado. Eso es un estado de Derecho. Si un estado no es de Derecho, es un estado bananero, un estado corrupto, un estado de represión o un estado de fuerza.

Esos son los valores sagrados que debe contener una constitución. Todos los ciudadanos podemos entender y respetar esos valores. Si todos los ciudadanos respetamos esos valores, tendremos un estado fuerte y respetable que nadie se atreverá a poner en cuestión. Harán falta sin duda más leyes necesarias para organizar el la convivencia en el estado. Y esas leyes serán también conocidas y respetables, pero no sagradas. Se podrán someter a cuestionamiento y cambio si se considera conveniente y el pueblo consiente en cambiarlas. Por ejemplo: Una ley que regule el número y la forma de los símbolos del Estado, desde la bandera hasta la jefatura del estado; Un ley que regule la expresión de la voluntad popular; Una ley que regule el funcionamiento y competencias del gobierno; el funcionamiento y competencias del parlamento; de la justicia; de la administración y de su distribución territorial; etc.... Son, todas ellas, leyes importantes, seguramente de larga duración, pero no inmutables. No deberían estar dentro de la constitución. No deberían ser temas tabú, ni deberían estar todos contenidos en una caja blindada. Y sin embargo, lo están. 

En estas elecciones se está hablando de la Reforma de la Constitución como uno de los temas estrella para casi todos los partidos. Si los partidos políticos vuelven a hacer una reforma constitucional a su gusto, como hicieron la primera, seguiremos en esta partitocracia tan frustrante, o, como dijo anoche el representante del absurdamente legál independentismo catalán, desapareceremos.


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