Hay algunos temas de los
que no se puede hablar. Son temas sagrados. Temas asentados. No hay
fórmulas de sustitución que justifiquen que se abra la delicada
caja que los protege. La constitución de un pueblo es una de esas
cajas. La caja de la constitución encierra algunos temas que
representan la esencia de ese pueblo. Abrirla, es un atrevimiento o
una irresponsabilidad, porque el sólo contacto con el exterior puede
contaminar a los sagrados valores allí contenidos.
Pero tampoco se debe
utilizar esa caja protectora para cobijar en ella otros asuntos o
valores a los que no corresponda estar dentro de ese lugar sagrado.
Precisamente porque la presencia inapropiada de esos valores en ese
lugar inmutable convertirá, a corto plazo, esos valores en obsoletos
e inútiles y, por otro lado, motivarán en los ciudadanos deseos
justificados de abrir la caja sagrada, y que ésta, así, deje de
serlo.
Los valores sagrados se
respetan, se veneran, se protegen. Hace unas noches pusieron en algún canal de tv
La Búsqueda 2. Una simple película de aventuras, de entretenimiento, pero que transmite al espectador una
imagen perfecta del respeto que el pueblo americano siente por los
símbolos que identifican a sus ciudadanos con su patria: su carta
magna, sus leyes, su historia, su bandera, su himno, su
presidente,.... En cada manifestación deportiva celebrada en
cualquier lugar de EEUU, un partido de baloncesto, por ejemplo, entre
dos equipos como Madrid y Barcelona, a su inicio, todos los
espectadores cantan el himno con la mano al pecho y nadie se atreve
ni a hablar mientras lo cantan. Anoche, en el debate a 9 que se
celebró en la 1, el representante del PNV y el de Democracia y
Libertat, con toda la osadía que les ha proporcionado el permanente
encogimiento patriótico que han sembrado en nuestra conciencia ciudadana,
durante 37 años, unas camadas de políticos incompetentes e
impresentables, se atrevieron a desafiarnos una vez más sobre el
tema de los límites de nuestra patria, que no la suya. Añadieron
que estaban en aquel debate por ayudarnos a salir de la penosa
situación en que nuestra incapacidad congénita nos mantiene. El
representante de IU, por su parte, aprovechó para llamar corrupto
al Jefe del Estado.
Y no pasa nada. Nuestra
constitución no es una caja sagrada. No protege debidamente a los
valores que guarda en su interior. Y yo creo que es por culpa de que
en su interior hay valores que deberían estar fuera. Por ejemplo, la
regulación de la Jefatura del Estado debería ser una ley externa a
la constitución, porque, realmente, no es un tema esencial para
España. En distintos momentos de la historia hemos tenido jefes de
estado que han sido monarcas, o militares, o civiles, y eso no ha
quitado, ni ha dado, ningún plus al pueblo español. Obviamente,
mientras sea la que es, esa figura se respeta. La indisolubilidad del
estado, en cambio, sí que es un tema tabú, un tema protegido y
prohibido. Por la sencilla razón de que es un tema, técnicamente
insoluble. No hay forma humana de dar solución satisfactoria a un
reparto de la patria entre 40 millones de personas que han nacido con
la carta de la nacionalidad española en el bolsillo. Un
independentista catalán, tiene un carné de nacionalidad igual que
un señor de Extremadura. En el lugar donde se escribe la nacionalidad, pone
española, no catalana, ni extremeña. Tanto derecho a sentir que la
Sagrada Familia es de uno, como del otro. No es de ninguno, sino del
pueblo español, que tiene además la obligación de defenderla de
vándalos y de locos. La localidad de nacimiento es una circunstancia
aleatoria y no concede derecho de propiedad, ni poder de decisión
sobre lugar o ley alguna. La nacionalidad nos concede tan sólo el
derecho de usufructuar el estado en el que hemos nacido con el resto
de los 40 millones de ciudadanos que tienen nuestra misma e igual
nacionalidad.
La caja de nuestra
constitución está sobresaturada. Hay dentro de ella muchos temas
que no deberían estar allí, y están contaminando no sólo a la
caja, sino también a los auténticos valores que deberían estar
dentro. ¿Cuáles son esos valores sagrados? Sólo 4, se determinan
en esta sencilla frase: “España es Un estado Social Democrático
de Derecho”. Ya está.
Un estado. No 17. El
estado lo formamos 40 millones de ciudadanos vivos y el patrimonio
generacional que usufructuamos de forma solidaria. No es divisible.
No es repartible. No somos una federación. Si en algún momento
fuimos una federación de reinos, al unirse en forma solidaria, sin
separación de bienes, imposible de definir esta separación por su extensión e
indeterminación, dejamos de serlo. Si algún día los estados de
Europa se unen en un solo estado, bajo una constitución, un himno, una lengua oficial y una bandera, obviamente será una unión
irreversible, porque a partir de ese momento lo que estaba separado
se une de forma, ya y para siempre, inseparable. Salvo por un acto de
fuerza, que no respete razones. No se puede dividir el cuerpo del ser
vivo. Las células de los pies no pueden reclamar su independencia.
Están muy distanciadas de las células de la cabeza, pero son
inseparables, salvo que intervenga un Jack el destripador, un
demente. Sólo la ignorancia o la demencia puede cuestionar el
respeto a esta indisolubilidad.
Social: Los fines del
estado son sociales. El estado debe ocuparse de problemas que el
individuo no está capacitado a resolver por sí mismo. Los temas que
el individuo pueda resolver, no son competencia del estado. Cuando el
individuo cae en situación de incapacidad para resolver sus
problemas, el estado debe ocuparse de protegerlo. Cualquiera de
nosotros podemos perder la razón, podemos vernos durmiendo en la
calle, comiendo de los cubos de la basura, incapacitados físicamente
para trabajar, en ese momento nuestros problemas de vivienda, de
alimentación, de seguridad se convierten en un problema social, y
una competencia del Estado. Si un servicio como el alcantarillado, la
seguridad de la calle, la custodia de los delincuentes, etc, no es
rentable para acometerlo por la iniciativa privada o no es factible de acometerse
por medio de sociedades o cooperativas, se convierte en un problema
social y en una competencia del estado. Para eso está el estado. El
estado no puede asumir como competencias propias la resolución de
asuntos que son individuales. No puede comprometerse a suministrar
una vivienda digna a todos los españoles, ni una educación
universitaria gratuita, porque ni tiene recursos para financiarlo, ni es un fin
social, sino una libertad individual de cada ciudadano.
Democrático: Los temas
públicos se pueden estudiar por personas especializadas, se pueden
mirar desde diferentes puntos de vista y plantear diferentes
soluciones para resolverlos por personas expertas y ubicadas en
posiciones sociales y culturales diversas. Pero a la hora de tomar
una decisión sobre cuál de ellas se aplica, ya esas personas van a
suponer en nosotros unas preferencias que los ciudadanos que pagamos los costos y que formamos ese estado, podemos manifestar por nosotros mismos. La decisión legítimamente
corresponde tomarla a los 40 millones de ciudadanos. Los expertos y
técnicos que han servido para detectar el problema, para analizarlo
y para buscarle una solución, ya no sirven para decidir qué
solución se aplica. Esa decisión corresponde al pueblo, y entonces
estamos hablando de un sistema democrático. O se la atribuye un
individuo o una clase o grupo de individuos, y en ese caso estamos
hablando de una dictadura o de una partitocracia.
de Derecho: Una sociedad
democrática necesita una normas escritas, conocidas y aprobadas por
sus socios. Las leyes vigentes en cada momento se pueden cambiar por
el procedimiento democrático establecido, pero, mientras tanto, se
deben respetar por todos y cada uno de los ciudadanos e instituciones
del estado. Eso es un estado de Derecho. Si un estado no es de
Derecho, es un estado bananero, un estado corrupto, un estado de
represión o un estado de fuerza.
Esos son los valores sagrados que
debe contener una constitución. Todos los ciudadanos podemos
entender y respetar esos valores. Si todos los ciudadanos respetamos
esos valores, tendremos un estado fuerte y respetable que nadie se
atreverá a poner en cuestión. Harán falta sin duda más leyes
necesarias para organizar el la convivencia en el estado. Y esas
leyes serán también conocidas y respetables, pero no sagradas. Se
podrán someter a cuestionamiento y cambio si se considera
conveniente y el pueblo consiente en cambiarlas. Por ejemplo: Una
ley que regule el número y la forma de los símbolos del Estado,
desde la bandera hasta la jefatura del estado; Un ley que regule la
expresión de la voluntad popular; Una ley que regule el
funcionamiento y competencias del gobierno; el funcionamiento y
competencias del parlamento; de la justicia; de la administración y de su
distribución territorial; etc.... Son, todas ellas, leyes importantes,
seguramente de larga duración, pero no inmutables. No deberían
estar dentro de la constitución. No deberían ser temas tabú, ni
deberían estar todos contenidos en una caja blindada. Y sin embargo,
lo están.
En estas elecciones se está hablando de la Reforma de la
Constitución como uno de los temas estrella para casi todos los
partidos. Si los partidos políticos vuelven a hacer una reforma
constitucional a su gusto, como hicieron la primera, seguiremos en esta partitocracia tan frustrante, o, como dijo anoche el representante del absurdamente legál independentismo
catalán, desapareceremos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario