jueves, 28 de enero de 2016

Cohecho, volver sobre lo hecho.

Ése es el significado que se da a esa palabra, cohecho, en los tratados de agricultura, para denominar a la labor consistente en repetir un nuevo pase de arado sobre la tierra parcialmente desmenuzada por otro pase de arado realizado un tiempo atrás.

En esta entrada vamos a volver otra vez sobre lo “no hecho”. Cuarenta días después de las elecciones, estos desgraciados políticos nuestros siguen atrancados en el mismo sitio, aunque ya parece que hablan de coaliciones con un poco más de soltura, pero, lamentablemente, sin llegar a captar el significado exacto del concepto. Por eso, yo voy a seguir aquí machacando en hierro frío hasta que se me quemen los dedos, que ya están, por cierto, bastante calientes.

Si una cosa hemos dejado clara los ciudadanos con nuestros votos, es que no queremos un gobierno monocolor. El partido más votado sólo ha conseguido 123 escaños. Luego, está claro, clarísimo, que los españoles no le hemos dado la confianza a NINGUNO para que gobierne en solitario. NINGUNO se ha ganado esa confianza, ni puede presumir de que ha ganado las elecciones y tiene derecho a formar gobierno. Han perdido todos. De modo que hay dos salidas: o una coalición, o se repiten las elecciones.

Algebraicamente, hay dos posibles coaliciones bipartitas: PP+PSOE y PP+Podemos. Ambas sumarían suficientes escaños para formar gobierno, pero, obviamente, PP y Podemos son antagónicos absolutos. Por otro lado PP y PSOE, están tan enfrentados, que dejarlos solos en una habitación es altamente peligroso. Por tanto, sin necesidad de más explicaciones hay que considerar inviables las coaliciones bipartitas.

Realmente, Podemos, a mi entender, se ha colocado en situación de inviabilidad para participar en coalición alguna. No me voy a extender en explicarlo con detalle, pero la conclusión final es que, si uno se sitúa en divergencia con todo el mundo sin dar explicaciones convincentes de nada, lo normal es que todo el mundo se coloque en divergencia con uno también, por simple correspondencia. En consecuencia, es cierto que Podemos se ha atraído un apoyo o empatía de un 20% de la población, pero, por otro lado, se han ganado también, mucho más meritoriamente, el rechazo o antipatía profundos del 80% restante. Por eso digo que siendo un partido con muchos votos, es un partido que, con su sola presencia, convierte en inviable cualquier coalición en la que participe, por la repulsión inmediata que genera y atrae. Nadie los quiere y nadie se fía de ellos, y viceversa. Salvo, al parecer, hasta ahora, el masoca Pedro Sánchez y, más lógicamente, los enemigos del Estado español, que tenemos dentro del congreso, que también tiene delito la cosa.

Esta consideración sobre la incompatibilidad de Podemos en cualquier tipo de mezcla, nos deja solamente una posibilidad de coalición natural y viable: la tripartita PP+PSOE+C's. Parece que C's lo tiene claro. El PP que ya se ha dado cuenta de que, solo, no podría llegar ni a Semana Santa, ahora la pide, con la boquita pequeña de Rajoy, que claramente está harto de todo esto y a poquito que le aprieten se va a marchar con vacaciones pagadas de por vida tan contento. Felipe González, por otro lado, les ha recomendado a Rajoy y Rivera sendas corbatitas de esparto, haciendo juego, que, bien apretaditas, le quedarían muy bien, al PSOE. De modo que el único que parece que se está considerando seriamente el tema de la coalición es Rivera, cuyo papel imprescindible es más como catalizador que como elemento reaccionante. Es necesario el catalizador para que la coalición funcione bien, pero hay también dos inhibidores o perturbadores, cuya sola presencia dificulta y provocaría pronto, de iniciarse, el caos en la coalición. Los inhibidores que hay que eliminar cuanto antes del medio reactivo, e incluso del laboratorio, son Rajoy y Sánchez. Fuera los dos. Son puro lastre.

La coalición PP+PSOE+C´s, es un paso intermedio. Es una especie de puente de 4 años que nos servirá para que crucemos todos, del terreno movedizo, insalubre y pantanoso en el que estamos viviendo, a otro lado del tiempo y del espacio, sano y virgen. A un futuro en el que también, durante el paso del puente, se nos borren de la memoria todos los métodos utilizados hasta ahora en esta sucia actividad de la política. No es una coalición, pues, para seguir haciendo lo mismo, para seguir mirándose al ombligo, para que el otro arrime el hombro y asuma la responsabilidad mientras los demás le descalifican y le apuñalan. La coalición es un solo equipo, para programar, para legislar, para ejecutar, para dar explicaciones y para asumir las responsabilidades. La coalición es también la descentralización de los trabajos en múltiples subequipos o Comisiones Tripartitas Paritarias (CTP) especializados por temas. Estas CTP permitirán que desde el primer momento se empiece a avanzar en el diseño y fabricación de los cambios necesarios en los múltiples frentes legislativos y ejecutivos, con agilidad, con dinamismo y, al mismo tiempo, con la amplitud visual que permite el hecho de observar la perspectiva desde tres puntos de vista distintos para cada tema, y la garantía que a efectos de dificultar la corrupción le proporciona a cada asunto el hecho de que cada decisión tenga que ser acordada entre tres, un número impar que también facilita la salida de los atascos que producen los empates. Así pues la coalición no sólo es una imposición de mayorías, es también, y sobre todo, un cambio en los procedimientos de actuación política.

Cabe, también, que la coalición, por h o por b, no cuaje. En ese caso no queda otra salida racional que unas nuevas elecciones. Porque la coalición de izquierdas no es una salida racional, sino un ángel exterminador. Unas nuevas elecciones lógicamente nos llevarían a una situación similar a la actual o peor. Más cerca quizás de la coalición exterminadora, que yo no sé si pensar ya que nos la estamos ganando a pulso.  

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