Un
libro escrito en 1997 por Lorenzo Silva. Yo lo he leído el mes
pasado.
Tres
jóvenes, treintañeros entonces, realizan un viaje por Marruecos.
Uno de ellos nos lo cuenta en este libro.
La
primera parte del recorrido, desde Melilla a Alhucemas, se convierte
para el autor y para el lector en un emotivo ejercicio de memoria
histórica. El libro nos presenta un pasaje de nuestra historia que,
al menos para mí, había pasado desapercibido bajo el estrepitoso título de “El desastre de Anual”. He escuchado o he leído a lo
largo de mi vida en numerosas ocasiones, de pasada, esas palabras
agrupadas, pero nunca, hasta ahora, había tenido la ocasión de
penetrar en ellas. El título del pasaje, quizás, anima poco a
entrar en él. Nos hemos acostumbrado a interpretar la historia desde
un punto de vista militar, y, desde ese punto de vista y en la
distancia del tiempo, parece que sólo cuente el resultado del
combate: victoria o derrota. Y últimamente, con un nuevo término,
la memoria histórica, también nos la están presentando en ese plan
resumido, a base de titulares: los malos, y los buenos, fuera calle,
fuera estatua. Vista en ese formato plano y resolutivo, la tal memoria histórica
viene a aportar de nuevo sólo un poco más de incultura y más
enfrentamiento visceral.
En
este libro se recuerdan los acontecimientos ocurridos en el noreste
de Marruecos, en el verano de 1921, paso a paso, vistos con los ojos
de los que tuvieron que contemplarlos en directo, precisamente tras
el cristal de su última mirada. No es agradable revisarlos casi cien
años después, ni causa orgullo ni ardor patriótico su lectura. Al
contrario, provoca vergüenza, impotencia, identificación con el
enemigo, pesadumbre por las víctimas y enojo y desapego con las
instituciones, como siempre. Pero no creo tampoco que del estudio de
la historia de cualquier tiempo pasado, en cualquier lugar del mundo,
puedan sacarse conclusiones muy distintas a éstas, sea cual sea el
periodo o el lugar considerado. Sin embargo, nunca, por tristes que
sean los resultados del estudio, está justificado ocultar los hechos
pasados, y mucho menos, tampoco, que ese conocimiento nos induzca a
renegar de nuestros ancestros. El estudio del pasado, en particular de
los errores, debería ayudarnos a aprender para no volver a
cometerlos. Si se nos ocultan, si nos los hacen ignorar, no
aprenderemos, y volveremos a tropezar en la misma piedra. Por otro
lado, si nos los entregan en forma de resumen, ya valorado,
proponiéndonos como consigna que reneguemos de él, nos están
engañando también, y tendríamos que aceptar que mañana nuestros
descendientes renieguen de igual forma de nosotros. La historia, vista desde el presente, suele consistir en una larga cadena de errores, que paradójicamente, suelen producir un
futuro mejor que el pasado. Tenemos que aprender de nuestros
errores, no sólo nosotros, sino los que vengan detrás. Por eso la
memoria histórica debe presentarse, como lo hace este libro, como un
ejercicio de acercamiento comprensivo, no sólo a los datos
históricos, sino a las situaciones a las que aquellos seres humanos
se vieron abocados por decisiones de terceros. Porque ahora son otras
situaciones y otros terceros, pero que se siguen comportando, igualmente,
como pastores. Y sus decisiones nos afectan. Y argumentos como: “No
es no”, “Yo he sacado más votos, la legitimidad es mía”, “El
pueblo ha pedido una cambio progresista, un no a la derecha”, hoy,
como ayer, nos hacen exclamar con la impotencia del rebaño: !Pero, qué
hijos de puta!
La
segunda parte de este viaje, desde Chaouen hasta Ceuta, tiene otro
carácter menos emotivo, más placentero. Una ruta para hacerla más
despacio. Tomándonos tiempo para complementar cada capítulo con
visionado de fotos y vídeos sobre cada ciudad visitada. Elaborando
en nuestra propia cocina alguno de los platos que menciona el libro.
Escuchando algo de música andalusí. La narración de cada pasaje
del recorrido es de carácter impresionista. El autor no se aplica a
describir exhaustivamente lo que ve, sino las impresiones que en él
causa lo que ve. Todo hilvanado con relatos de la historia de cada
ciudad, con miradas atentas los moradores, o a las sombras del
pasado, con las que se cruza en algunos rincones. Sensaciones que el
autor ha podido disfrutar y cuyo relato nos transmite el deseo de
sentirlas también. Nos alejan la distancia, las circunstancias y los
años. Pero libros como éste y los avances del you tube nos lo ponen casi a tiro.
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