lunes, 5 de octubre de 2015

 La reforma constitucional está ya en boca de los políticos. Parece que es lo que toca ahora. Nos la quieren vender como la solución a las continuas crisis independentistas en que los políticos nacionalistas de origen diverso nos llevan metiendo, no de ahora, sino desde el mismo momento en que se escribió la constitución actual. Desde entonces, es verdad, se han dado maña para mantener esta crisis secesionista siempre viva, arrojando leña, y más leña, al fuego de nuestra insatisfacción ciudadana, lo mismo cuando nuestros problemas reales son más intensos como cuando, por ventura, se amortiguan.

En estos momentos, entre elecciones, en que el calor del fuego parece que ocupa toda nuestra atención, nuestros políticos, los no nacionalistas, sacan de su baúl de soluciones los trucos más sorprendentes: añadamos unas pocas gotas de este líquido mágico y apagaremos de golpe este gran incendio- nos dicen-. Esto es: Reformemos la Constitución y todo se arreglará.

Ese líquido es el bálsamo de Fierabrás, todo lo cura. No, no explican con detalle cuáles serán esos prodigiosos cambios constitucionales, ni cómo, ni de qué forma actuarán estos cambios sobre el incendio para sofocarlo de esa forma tan milagrosa. Seguramente es que no seríamos capaces de entenderlos, aunque sí, por supuesto, lo seremos, luego, de votarla. Curioso ¿no?.

Sin embargo, antes de practicar el menor cambio en una estructura dañada, cualquier técnico que se precie procede a identificar los graves defectos de la estructura original, los puntos débiles que están provocando su hundimiento. Pero ese paso técnico, un concienzudo análisis del estado actual, previo a cualquier cambio estructural, nuestros políticos se lo saltan. Como también se saltan la descripción de las nuevas estructuras que van a sustituir a las existentes. Sólo nos enseñan el título de la caja mágica: Reforma Constitucional. Ahí está, con eso basta. Y el encantado público aceptamos el juego y permanecemos en nuestra butaca esperando que los ilusionistas nos vuelvan a cambiar, en un chis- chas, la realidad del fuego por el frescor del paraíso prometido que parece contener aquella caja. !Qué bonito! Como en los cuentos infantiles.

Y, curiosamente, es posible que una reforma constitucional pueda ser la clave para acabar con el problema del separatismo y a la vez con otros problemas. Porque esta constitución, escrita hace ya 37 años, no sólo es la base contractual que nos agrupa inseparablemente como pueblo, sino que, además, es el compendio legal que regula las principales normas de organización del país de forma inmutable desde el año 1978. !Y ha habido tantos cambios en nuestra sociedad y en nuestro modo de vida desde entonces! ¿No os acordáis? No existía Internet, ni ordenadores, ni móviles, ni autovías, ni alta velocidad, ni banca electrónica....!Coño! !No existían, aún, ni los políticos! ¿Es posible que esas normas reguladoras escritas en nuestra constitución, y que tocan a temas tan importantes en nuestro sistema de vida como la jefatura del estado, del gobierno, del parlamento, del poder judicial, de la organización económica del país, de las autonomías, etc, se hayan quedado algo anticuadas? ¿Pudiera ser que se nos hayan quedado pequeñas y obsoletas como los zapatos y la ropa de un niño a un adolescente? ¿Pudiera ser que, en su estrechez inmutable, estas normas constitucionales estuvieran asfixiando a nuestro cuerpo creciente de joven nación? O sea, que, por si acaso, yo creo que no estaría de más darle un repaso a nuestro texto constitucional para, en principio, buscar en él posibles fallos que pudieran estar dificultando nuestra vida en común. Pudiera ser que estos políticos pudieran llevar algo de razón alguna vez.

Así que, aunque estos políticos ilusionistas prescindan de ese análisis y mantengan su caja mágica cerrada, yo desde mi butaca de espectador de este número de magia político-circense, voy a hacer mis propias reflexiones sobre los posibles fallos de la constitución de 1978, cuyo posible cambio podría afectar positivamente a nuestra ajetreada vida de estado indisoluble-autonómico-federal-¿soluble al fin? Así, cuando nos llamen a votar, el periodo de reflexión podré dedicarlo reflexionar sobre otros asuntos.




2 comentarios:

  1. Me parece muy interesante la idea. El debate permitirá conocer distintas opiniones sobre un tema tan importante y a la vez tan desconocido como es la Constitución Española.
    Abel

    ResponderEliminar
  2. Estoy de acuerdo en parte contigo pepe, pero ya veremos si la reforma de la constitucción no nos trae más problemas, esta por lo menos ha funcionado 37 años.

    ResponderEliminar