sábado, 17 de octubre de 2015

Una fábula


Para escuchar antes de leer. Dedicado especialmente a mi amigo Fernandito Calpena, celebrando su total restablecimiento, 

El otro día, un amigo empresario, me enseñaba las instalaciones de su negocio de hostelería, mientras se quejaba de la crisis que pronto le iba a obligar a cerrar.
  • Creo que tienes ratones-le dije.
  • No, es imposible. Lo tenemos desratizado. Mira. - y me enseñó un letrero colgado en la entrada en el que se proclamaba oficial y pomposamente la ausencia de roedores e insectos.
  • Perdona, pero yo he visto excrementos por varios sitios. Si quieres te envío a un experto que venga a hacerte una inspección.
  • Por supuesto, puedes enviarlo, pero te aseguro que aquí no hay roedores.

Mi amigo, el experto, encontró roedores. Y muchos. Descubrió que el propio recepcionista del establecimiento era un roedor. Era el mismo rey de los roedores disfrazo de recepcionista. Tenía además, este recepcionista,  el poder mágico de convertir a los clientes en roedores sin que se diesen ni cuenta. Es más, descubrió que el objetivo inmediato de los ratones era declarar la independencia de la cocina, a la que llamarían República de Ratolandia, y quedársela para ellos.

Mi amigo, el empresario, se negó a dar crédito al informe. Para él, el certificado colgado en la pared era salvaguarda y garantía total. Lo que ponía aquel certificado oficial era más verdadero, para él, que sus propios ojos.

Un día, mi amigo, el empresario, encontró un ratón comiendo de su bocadillo del almuerzo. Ya no tuvo más remedio que admitir la realidad y, a partir de ahí, empezó a ver lo nunca visto: los ratones se paseaban por la cocina, por los almacenes, por el comedor, y hacían sus necesidades encima de los alimentos almacenados que luego se servían a sus clientes.

  • Tiene que empezar a combatir a los ratones. Debe echarlos fuera, o acabarán con su negocio. Pero, en primer lugar, de forma urgente, tiene que despedir al recepcionista. Debe poner un encargado dedicado a colocar trampas, y a perseguir a los ratones y echarlos a la calle, hasta que no quede ni uno. Debe añadir al letrero que advierte que su negocio está libre de ratones, una coletilla para establecer públicamente un procedimiento continuado de lucha contra los roedores. - le aconsejó el experto.
  • Pero, ¿Cómo me pide que ponga en el letrero algo tan duro? ¿Cómo me pide que despida al recepcionista? ¿Cómo quiere que eche a los pobres ratones a la calle? Muchos han entrado aquí como clientes y se han convertido en roedores dentro del propio establecimiento.
  • ¿Pero, usted quiere ver su negocio libre de ratones o le da igual?
  • No, no, yo quiero que mi negocio este libre de ratones, como pone en el letrero.
  • Pues entonces, amigo mío, tiene que actuar. Déjese de timideces y luche por los intereses de sus clientes, de la misma forma que su recepcionista está luchando por los intereses de sus congéneres y súbditos: A cara de perro. El recepcionista es un héroe y un patriota para los ratones, pero para su negocio es un traidor. Los ratones son unos animalillos inofensivos, pero para su negocio son enemigos públicos a los que debe declarar la guerra abierta. Cambie el cartel y empiece con la cacería ya, si quiere que sus clientes le empiecen a mirar a usted como su propio héroe, y no como un traidor a su propio negocio y a su propia especie, que permite que le dividan el restaurante y le arrebaten, nada menos, que la cocina.

Este ejemplo guarda un cierto paralelismo con el tema de la Reforma Constitucional que vengo desarrollando en el blog. El letrero que nadie respeta , ése que garantiza la ausencia de roedores, es equivalente al artículo 2 de nuestra constitución que solemnemente proclama que:

“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.” 

Es exactamente el mismo caso de aquella piscina pública en que el vigilante se dirige a un bañista para preguntarle si no ha visto el cartel de la entrada, que indica que no se puede orinar en la piscina, a lo que el bañista  responde: “ ¿No? ¿Y cómo estoy yo pudiendo?"

¿Qué pasa, cuando pasa todo lo que ha venido pasando, poco a poco, a ojos vistas, desde el día siguiente a la promulgación de la constitución? ¿Qué pasa cuando un presidente de comunidad autónoma se atreve a decir que él lo que persigue es la independencia, cuando dice que su autonomía no forma parte de la unidad española, cuando dice que va a realizar una consulta, y unas elecciones plebiscitarias, cuando asegura que dentro de 18 meses serán independientes?

Pues pasa que hay que reconocer que el cartel estaba sin terminar, y así no sirve para nada. Que hay que reformar el cartel rápidamente. Que hay que escribir que el establecimiento estará siempre libre de roedores, que los roedores se declaran ilegales y enemigos del negocio, que su presencia se investigará de forma constante y que cualquier roedor que sea descubierto en el interior sera inmediatamente cazado y expulsado. Y eso, que no parece que vaya a pasar, es lo único que podría reflotar este negocio que, al paso que va, pronto tendrá que poner el cartel de cerrado por quiebra total.



martes, 13 de octubre de 2015

 Los defectos de nuestra constitución.

Una Reforma Constitucional debe ser algo excepcional. En la vida de un pueblo, un cambio en su constitución es algo comparable a una operación a corazón abierto. O sea que no es cosa para tomarla por costumbre y repetirla de vez en cuando.

La propia C.E. (Pulsar en el siguiente vínculo mientras se presiona la tecla Control para acceder al texto completo de la C.E. http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/constitucion.html ), dedica su título X a determinar el procedimiento a seguir en una Reforma total o parcial de la constitución.

Así, para iniciar un proceso de reforma es necesario:
  1. Que la propuesta de reforma sea aprobada por dos tercios de cada cámara (filtro político nº1).
  2. Acto seguido, en su caso, se procedería a la disolución inmediata de las cortes y a la convocatoria de elecciones generales para elegir unas nuevas cortes constituyentes (dificultad social nº 1: La sociedad tiene que aguantar una una nueva molesta campaña, pagarla, perder un día votando, y contemplar, después, como los partidos negocian unos con otros, intercambiando sus votos como si de cromos se tratase, llegando a cambiar el sentido del voto ciudadano, que siente que al final le han vuelto a tomar el pelo).
  3. Las nuevas cámaras elegidas, deberán ratificar la decisión de reforma, o abortarla (filtro político nº 2), y, en caso afirmativo, proceder al estudio del nuevo texto constitucional, que deberá ser aprobado por la mayoría de dos tercios de ambas cámaras (filtro político nº 3).
  4. En el caso de que esos dos tercios aprueben el texto, será sometido de forma inmediata a referendum general para su ratificación por el pueblo (filtro del pueblo nº1 y dificultad social nº 2).

O sea: zafarrancho general en medio de una tormenta del carajo.

Pero obsérvese que los filtros que ha de pasar una reforma antes de llegar al pueblo son filtros de políticos (nada menos que 3). Si a ellos, a los políticos, mayoritariamente, no les interesa una reforma constitucional, van a tener tres ocasiones para abortarla antes de que llegue al pueblo. Curiosamente, las motivaciones que puede tener un pueblo en una reforma constitucional, como la actual, es la hartura general que tenemos todos de los políticos y los privilegios que esta constitución les brinda. Y resulta que, lejos de tener en nuestra mano la posibilidad de emprender esta iniciativa, dependemos triplemente de ellos, de los presuntos culpables, para que se lleve adelante una reforma en la que, en ningún caso, vamos a tener la menor posibilidad, nadie que no sea presunto, de aportar ni manifestar un sólo pero.

Nos quieren hacer sentir la constitución como algo propio, algo querido, algo sentido, algo que debemos defender, pero no se dan cuenta de que han escrito una cosa distante, imposible de leer, de entender, de identificarse con ella. No es nuestra, es suya ¿Cómo pretenden que la queramos? Sin embargo así debería ser, esto es, deberíamos conocerla, sentirnos identificados con ella, respetarla y hacerla respetar. La constitución es algo intangible, pero es esencial para la existencia de un pueblo. Debería ser como el espíritu que mantiene unida la colmena. Pero ¿En qué consiste ese espíritu?¿Cómo lo podemos reconocer?

Una nación no es su gobierno, ni su ejército, ni sus geografía, ni su historia. Todo eso son herramientas de la nación, o datos acerca de su ubicación espacial o temporal, pero ninguna de esas cosas constituye la esencia de una nación. 

Una nación es básicamente un pueblo unido. Eso es una nación. Y esa unión conlleva también la existencia de un patrimonio en común generado a lo largo del tiempo. Ese patrimonio es un legado generacional que se recibe en forma solidaria. No es posible repartirlo. Un matrimonio se puede separar. Es doloroso, pero es posible. El acto de la separación matrimonial sólo afecta a dos partes y a los posibles hijos. Es decir, cuantitativamente, la disolución de un matrimonio afecta a pocos. El patrimonio matrimonial, generado por los propios cónyuges, es relativamente fácil de repartir. 

Pero ¿Cómo poner de acuerdo en la conveniencia de una separación a 40.000.000 de partes, de las que sólo unas cuantas de ellas están interesadas? ¿Cómo se reparte un patrimonio, físico y espiritual, activo y pasivo, que se ha recibido de forma no explícita, solidaria, de manera ininterrumpida a lo largo de años, de vidas y de muertes, y del que no existe ni inventario ni valoración? 

En la esencia de un pueblo se encuentra, en primer lugar, ese intangible que denominamos indisolubilidad de la nación. Ese irrenunciable derecho, y deber,  a mantener el legado generacional en su integridad es la primera razón de nuestra existencia como pueblo con un origen y un destino común. Otro intangible de ese espíritu de congregación debe ser el derecho, y el deber,  a la soberanía por parte de ese pueblo. Esto es, el derecho de ese pueblo a tomar democráticamente las decisiones sobre los asuntos públicos, sin filtro alguno que se lo impida. Y el deber de no aceptar que nadie tome esas decisiones por él. 

Ese tipo de intangibles como la indisolubilidad y la soberanía, son los asuntos que merecen quedar escritos y blindados en una constitución. Esos valores y otros parecidos, todos ellos referidos al pueblo en general, son los que una constitución debe defender y blindar por escrito. La constitución es un proyecto a largo plazo. Sin término diría yo. A mi entender, sólo una fusión con otros pueblos para formar un ente superior es lo que podría ponerle fin. La constitución debe se un documento ilusionante, conmovedor, apasionante que anime a un pueblo a moverse unido y le haga sentirse siempre dispuesto y atento a continuar con su proyecto de aventura, con su futuro en común. Un conjunto de razones e ideales, insoslayables por un lado, ilusionantes por otro, que nos animen y nos orienten en el largo camino. Algo que nos permita reconocernos a unos con otros con orgullo. Un perfil de pueblo con el que nos identifiquemos, que amemos, que respetemos y que nos haga dignos de respeto ante los ojos de los demás. Un conjunto de ideales a los que aspiramos como pueblo: unas leyes rectas y nobles, una justicia limpia, una sociedad libre, igualitaria, solidaria, culta, amigable, pacífica, .. un pueblo que aspira a ser feliz. Ése es el espíritu que un pueblo debe poner por escrito en su constitución. El espíritu que debe proteger y guardar en el cofre blindado de su constitución. Una constitución que debe darse a conocer y enseñar a respetar y a querer ya a los niños en las escuelas. Una constitución no es un contrato notarial, ni mercantil, ni una enciclopedia de 169 artículos. Una constitución es un juramento, un pacto de sangre que compromete a su cumplimiento desde antes y hasta después de nuestra propia vida. Eso es la constitución. Y eso cabe en un simple pliego. No hacen falta 10 títulos y 169 artículos, ni llenar páginas y páginas con términos jurídicos que sólo entienden los abogados. Ésa es la esencia y el contenido de la constitución: el espíritu de un pueblo. Eso es lo que debe figurar en el pliego constitucional.

Lo que no debe figurar en ese pliego, al lado del espíritu, son las herramientas de que se va a dotar ese pueblo para realizar ese largo viaje. Esas herramientas son importantes e imprescindibles para que ese pueblo avance, pero no son esenciales, ni inmutables. Al contrario, esas herramientas hay que mantenerlas siempre en perfecto funcionamiento, hay que engrasarlas, afilarlas, llevarlas a reparar e incluso renovarlas cuando se queden viejas u obsoletas. No podemos blindarlas. Al contrario hay que observarlas continuamente para descubrir sus imperfecciones, y, en su caso, repararlas. No deben conservarse esas herramientas en el mismo arca de la constitución, porque son de distinta naturaleza, composición, duración y uso. Sí, hacen falta leyes orgánicas que definan y regulen la Jefatura del Estado, el Gobierno, el Parlamento, la Institución de Justicia, etc, pero, esas leyes orgánicas deben estar fuera de la constitución. No deben gozar esas leyes del carácter de inmutabilidad que les da el formar parte de la constitución como títulos integrados en ella. La constitución es algo perfecto que no necesita retoques y no debe asociarse con múltiples entidades orgánicas importantes, pero imperfectas y sujetas a perfeccionamiento en cualquier momento en que se vea necesario, sin dilación, y cuanto más oportunamente mejor. Esa unión absurda de lo esencial con lo accesorio, de lo espiritual con lo material, en el seno de nuestra constitución actual nos ha conducido durante todos estos años a través de un camino accidentado plagado de obstáculos insalvables, que ha generado una convivencia difícil y conflictiva.

He aquí, por tanto, la primera reforma que habría que hacer de forma indispensable en nuestra constitución. Hay que soltar lastre. La constitución es, simplemente, el contenido de su título preliminar, por supuesto perfeccionado, porque el actual es cobarde y desapasionado. No está hecho pensando en reflejar y magnificar la esencia del pueblo español, sino desde la desconfianza hacía el pueblo español de unos padres constituyentes que por unas u otras razones no eran personas apropiadas para redactar la constitución que este pueblo se merece y necesita como apoyo para tan largo viaje.


jueves, 8 de octubre de 2015

Reflexiones históricas contadas a nivel infantil:

Durante los centenares de años de Historia de España, si contamos desde los Reyes Católicos, en pocos de ellos habrá existido una constitución escrita. Había otras razones que mantenían viva nuestra convivencia armónica: una fuerza, una autoridad, un respeto, una confianza, unas limitaciones, una sangre vertida, unas conveniencias, un pasado en común, unos peligros externos, una rutina,.....

Pero, en algún momento, y en algún lugar lejano, surgieron razones que justificaron que aquel espíritu que mantenía unido a los pueblos se plasmara por escrito. Y las distintas naciones del mundo empezaron a darle forma a sus respectivas constituciones, aunque aquellos pueblos para los que se escribían aquellas constituciones en su mayor parte no supieran leer.

En 1978, surgió en España nuevamente una razón que empujó a darle forma escrita al alma del pueblo. Se había muerto de viejo, el viejo que mandaba desde hacía 40 años sin necesidad de constitución escrita, porque la constitución, en realidad, era él. Y entonces aparecieron muchos nuevos políticos que ahora querían mandar ellos. Unos con más y otros con menos, pero todos con fuerza suficiente para hacerse daño unos a otros y, de rebote, a todos en general. De modo que, era claro, había que escribir algo que normalizase la situación de una forma buena para todos, y excelente para ellos. Había que iniciar un rumbo nuevo, pero sin romper bruscamente con la inercia del rumbo anterior. Así que entre todos ellos decidieron hacer algo sólido, algo preciso, difícil de cambiar y con suficientes detalles determinados que impidiesen que otra vez, de un golpe, se pudieran poner las cosas patas arriba. De modo que decidieron redactar una constitución. Pero esta vez iban a hacer las cosas bien:

     - Nada de alma. El alma es volátil. Necesitamos algo firme. Hay que hacer un cuerpo completo. Con todos sus órganos ya formados y organizados para siempre.

     - ¿Para siempre? Pero, los órganos se desgastan, el cuerpo tiene que crecer y cambiar, poco a poco. El alma no necesita recambios exteriores, crece sola, es inmaterial y eterna, pero, el cuerpo se desgasta.

    - Hagamos un robot. Un robot con todos sus órganos de acero inoxidable. Todos sincronizados por una constitución que sea un programa informático que lo disponga todo de forma perfecta, para siempre.

Y así fue como metieron la pata. 

Ha pasado el tiempo. El acero inoxidable se ha dañado. Los órganos internos van lentos, son pesados y su funcionamiento carísimo. Ahora hay programas informáticos más modernos. El pueblo se ha aburrido ya del puñetero robot que va por todas partes pegando pisotones a todo el mundo y rompiéndolo todo. Y, fundamentalmente, los que se conformaron antes con que mandasen otros, ahora ya quieren mandar ellos. Están absolutamente revueltos, no les vale con ser las células principales de los órganos más importantes del robot: del cerebro, del corazón, del hígado. Quieren ser todos el programa informático que lo dirige todo. Quieren ser todos la propia alma del robot, y si hay que hacer una constitución nueva para cada uno. Pues venga, hágase.

Pero es justo también ponerse en el lugar de los que tienen que redactar el texto de una reforma. Es como si a un cirujano le pusieran delante un cuerpo y le dijeran:
  • Opere este cuerpo.
  • ¿De qué debo operarlo?
  • De todo. Una vez lo tenga abierto, tiene que aprovechar y repararle todo lo que tenga averiado, porque no nos vamos a ver en otra. Así que cerebro, corazón, hígado, riñones, articulaciones..... Corte y pegue lo que haga falta, pero, dese prisa, porque se trata de un cuerpo imprescindible y tiene que volver a funcionar lo antes posible. Y que quede bien, por Dios, porque, si no, habremos hecho un pan como unas tortas.
Más o menos ése es el plan.

Y ahí tenemos al cirujano, planteándose cómo le mete mano a aquella barbaridad que le proponen. Él está acostumbrado a operar una rodilla, a hacer un trasplante de riñón, a eliminar un tumor o a reparar una arteria dañada. Se pueden operar todas esas cosas si se hace poco a poco, con un análisis previo de los daños, con una fase de recuperación intermedia del enfermo y del cirujano, pero ¿todas el mismo día? ¿al mismo cuerpo? ¿sacar varios cuerpos de uno sólo?


¿Qué hacemos con las autonomías?¿Sería oportuno crear una confederación de estados?¿Y la monarquía? ¿La dejamos, o instauramos la república? ¿Eliminamos el senado?... ¿Qué es lo que va a salir de aquí? ¿Y el pueblo? ¿Cómo le presentamos al pueblo todo este cambio revuelto para que lo apruebe en una sola pregunta Sí/No? Sí o No, a lo de la república, a lo del estado federal, a otra vez que sí a lo del senado. Total 169 artículos, cada uno disponiendo algo importante, para que los aprobemos todos con una sola respuesta. 

La suerte, en este caso, no es que haya muchos que no saben leer, que eso no es cierto, pero ¿habrá alguien dispuesto a leerse, en los 20 días de campaña, los 169 artículos con atención?¿Y de ésos que los lean habrá alguno que sea capaz de reflejar responsablemente su acuerdo o desacuerdo con un solo Sí o No?


miércoles, 7 de octubre de 2015

En la última entrada del blog, intenté incluir unas canciones de Nicola di Bari, ya que ese día pude verle en el programa que hace Juan Imedio en Canal Sur por las tardes. Le hicieron una pequeña entrevista y cantó una canción. En la actualidad tiene 75 años, y ahí está, haciendo una gira por España. 

Por lo que sea, el vídeo que comprimí con cinco canciones suyas para incluirlas en la anterior entrada, no se ve, de modo que, he unido algunas de estas canciones a otro vídeo con unas fotografías muy bonitas tomadas desde el aire por un dron, que es el que adjunto ahora. Este vídeo me llegó por correo electrónico de mi amigo Alfonso. Traía otra música muy bonita del Enya, pero yo la he cambiado por la de Nicola di Bari que hacía tantos años que no escuchaba. Espero que os guste y disculpéis los fallos de edición. Os recomiendo maximizar la imagen para abrir el vídeo en toda la pantalla, pues las fotos son muy bonitas, y, si te imaginas que vas subido en el dron, aún más.


lunes, 5 de octubre de 2015

 La reforma constitucional está ya en boca de los políticos. Parece que es lo que toca ahora. Nos la quieren vender como la solución a las continuas crisis independentistas en que los políticos nacionalistas de origen diverso nos llevan metiendo, no de ahora, sino desde el mismo momento en que se escribió la constitución actual. Desde entonces, es verdad, se han dado maña para mantener esta crisis secesionista siempre viva, arrojando leña, y más leña, al fuego de nuestra insatisfacción ciudadana, lo mismo cuando nuestros problemas reales son más intensos como cuando, por ventura, se amortiguan.

En estos momentos, entre elecciones, en que el calor del fuego parece que ocupa toda nuestra atención, nuestros políticos, los no nacionalistas, sacan de su baúl de soluciones los trucos más sorprendentes: añadamos unas pocas gotas de este líquido mágico y apagaremos de golpe este gran incendio- nos dicen-. Esto es: Reformemos la Constitución y todo se arreglará.

Ese líquido es el bálsamo de Fierabrás, todo lo cura. No, no explican con detalle cuáles serán esos prodigiosos cambios constitucionales, ni cómo, ni de qué forma actuarán estos cambios sobre el incendio para sofocarlo de esa forma tan milagrosa. Seguramente es que no seríamos capaces de entenderlos, aunque sí, por supuesto, lo seremos, luego, de votarla. Curioso ¿no?.

Sin embargo, antes de practicar el menor cambio en una estructura dañada, cualquier técnico que se precie procede a identificar los graves defectos de la estructura original, los puntos débiles que están provocando su hundimiento. Pero ese paso técnico, un concienzudo análisis del estado actual, previo a cualquier cambio estructural, nuestros políticos se lo saltan. Como también se saltan la descripción de las nuevas estructuras que van a sustituir a las existentes. Sólo nos enseñan el título de la caja mágica: Reforma Constitucional. Ahí está, con eso basta. Y el encantado público aceptamos el juego y permanecemos en nuestra butaca esperando que los ilusionistas nos vuelvan a cambiar, en un chis- chas, la realidad del fuego por el frescor del paraíso prometido que parece contener aquella caja. !Qué bonito! Como en los cuentos infantiles.

Y, curiosamente, es posible que una reforma constitucional pueda ser la clave para acabar con el problema del separatismo y a la vez con otros problemas. Porque esta constitución, escrita hace ya 37 años, no sólo es la base contractual que nos agrupa inseparablemente como pueblo, sino que, además, es el compendio legal que regula las principales normas de organización del país de forma inmutable desde el año 1978. !Y ha habido tantos cambios en nuestra sociedad y en nuestro modo de vida desde entonces! ¿No os acordáis? No existía Internet, ni ordenadores, ni móviles, ni autovías, ni alta velocidad, ni banca electrónica....!Coño! !No existían, aún, ni los políticos! ¿Es posible que esas normas reguladoras escritas en nuestra constitución, y que tocan a temas tan importantes en nuestro sistema de vida como la jefatura del estado, del gobierno, del parlamento, del poder judicial, de la organización económica del país, de las autonomías, etc, se hayan quedado algo anticuadas? ¿Pudiera ser que se nos hayan quedado pequeñas y obsoletas como los zapatos y la ropa de un niño a un adolescente? ¿Pudiera ser que, en su estrechez inmutable, estas normas constitucionales estuvieran asfixiando a nuestro cuerpo creciente de joven nación? O sea, que, por si acaso, yo creo que no estaría de más darle un repaso a nuestro texto constitucional para, en principio, buscar en él posibles fallos que pudieran estar dificultando nuestra vida en común. Pudiera ser que estos políticos pudieran llevar algo de razón alguna vez.

Así que, aunque estos políticos ilusionistas prescindan de ese análisis y mantengan su caja mágica cerrada, yo desde mi butaca de espectador de este número de magia político-circense, voy a hacer mis propias reflexiones sobre los posibles fallos de la constitución de 1978, cuyo posible cambio podría afectar positivamente a nuestra ajetreada vida de estado indisoluble-autonómico-federal-¿soluble al fin? Así, cuando nos llamen a votar, el periodo de reflexión podré dedicarlo reflexionar sobre otros asuntos.




jueves, 1 de octubre de 2015

Hoy he recibido un vídeo en el que un periodista inglés (Stephen Sackur)somete a una entrevista al político independentista Raul Romeva. No he visto la entrevista completa, son retazos seleccionados y subtitulados en español por la persona que ha realizado este vídeo. Para mí el contenido en sí mismo no es lo que le da interés, sino la forma de entrevistar que tiene el periodista. Nunca he visto a un periodista español hablarle a un político de esa forma tan libre y sin complejos, ejerciendo el papel del ciudadano que se siente con legitimidad para ponerlo en evidencia y dejarlo que se encoja en su propio ridículo.


Bien por Stephen Sackur, y ojala cunda el ejemplo en estos periodistas de por aquí.