Ése
es el significado que se da a esa palabra, cohecho, en los tratados
de agricultura, para denominar a la labor consistente en repetir un
nuevo pase de arado sobre la tierra parcialmente desmenuzada por otro
pase de arado realizado un tiempo atrás.
En
esta entrada vamos a volver otra vez sobre lo “no hecho”.
Cuarenta días después de las elecciones, estos desgraciados
políticos nuestros siguen atrancados en el mismo sitio, aunque ya
parece que hablan de coaliciones con un poco más de soltura, pero,
lamentablemente, sin llegar a captar el significado exacto del
concepto. Por eso, yo voy a seguir aquí machacando en hierro frío
hasta que se me quemen los dedos, que ya están, por cierto, bastante
calientes.
Si
una cosa hemos dejado clara los ciudadanos con nuestros votos, es que
no queremos un gobierno monocolor. El partido más votado sólo ha
conseguido 123 escaños. Luego, está claro, clarísimo, que los
españoles no le hemos dado la confianza a NINGUNO para que gobierne
en solitario. NINGUNO se ha ganado esa confianza, ni puede presumir
de que ha ganado las elecciones y tiene derecho a formar gobierno.
Han perdido todos. De modo que hay dos salidas: o una coalición, o
se repiten las elecciones.
Algebraicamente,
hay dos posibles coaliciones bipartitas: PP+PSOE y PP+Podemos. Ambas
sumarían suficientes escaños para formar gobierno, pero,
obviamente, PP y Podemos son antagónicos absolutos. Por otro lado PP
y PSOE, están tan enfrentados, que dejarlos solos en una habitación
es altamente peligroso. Por tanto, sin necesidad de más
explicaciones hay que considerar inviables las coaliciones
bipartitas.
Realmente,
Podemos, a mi entender, se ha colocado en situación de inviabilidad
para participar en coalición alguna. No me voy a extender en
explicarlo con detalle, pero la conclusión final es que, si uno se
sitúa en divergencia con todo el mundo sin dar explicaciones
convincentes de nada, lo normal es que todo el mundo se coloque en
divergencia con uno también, por simple correspondencia. En consecuencia, es cierto que Podemos
se ha atraído un apoyo o empatía de un 20% de la población, pero,
por otro lado, se han ganado también, mucho más meritoriamente, el
rechazo o antipatía profundos del 80% restante. Por eso digo que
siendo un partido con muchos votos, es un partido que, con su sola
presencia, convierte en inviable cualquier coalición en la que
participe, por la repulsión inmediata que genera y atrae. Nadie los
quiere y nadie se fía de ellos, y viceversa. Salvo, al parecer,
hasta ahora, el masoca Pedro Sánchez y, más lógicamente, los
enemigos del Estado español, que tenemos dentro del congreso, que
también tiene delito la cosa.
Esta
consideración sobre la incompatibilidad de Podemos en cualquier tipo
de mezcla, nos deja solamente una posibilidad de coalición natural y
viable: la tripartita PP+PSOE+C's. Parece que C's lo tiene claro. El
PP que ya se ha dado cuenta de que, solo, no podría llegar ni a
Semana Santa, ahora la pide, con la boquita pequeña de Rajoy, que
claramente está harto de todo esto y a poquito que le aprieten se va
a marchar con vacaciones pagadas de por vida tan contento. Felipe
González, por otro lado, les ha recomendado a Rajoy y Rivera sendas
corbatitas de esparto, haciendo juego, que, bien apretaditas, le
quedarían muy bien, al PSOE. De modo que el único que parece que se
está considerando seriamente el tema de la coalición es Rivera,
cuyo papel imprescindible es más como catalizador que como elemento
reaccionante. Es necesario el catalizador para que la coalición
funcione bien, pero hay también dos inhibidores o perturbadores,
cuya sola presencia dificulta y provocaría pronto, de iniciarse, el
caos en la coalición. Los inhibidores que hay que eliminar cuanto
antes del medio reactivo, e incluso del laboratorio, son Rajoy y
Sánchez. Fuera los dos. Son puro lastre.
La
coalición PP+PSOE+C´s, es un paso intermedio. Es una especie de
puente de 4 años que nos servirá para que crucemos todos, del
terreno movedizo, insalubre y pantanoso en el que estamos viviendo, a
otro lado del tiempo y del espacio, sano y virgen. A un futuro en el
que también, durante el paso del puente, se nos borren de la memoria
todos los métodos utilizados hasta ahora en esta sucia actividad de
la política. No es una coalición, pues, para seguir haciendo lo
mismo, para seguir mirándose al ombligo, para que el otro arrime el
hombro y asuma la responsabilidad mientras los demás le descalifican
y le apuñalan. La coalición es un solo equipo, para programar, para
legislar, para ejecutar, para dar explicaciones y para asumir las
responsabilidades. La coalición es también la descentralización de
los trabajos en múltiples subequipos o Comisiones Tripartitas
Paritarias (CTP) especializados por temas. Estas CTP permitirán que
desde el primer momento se empiece a avanzar en el diseño y
fabricación de los cambios necesarios en los múltiples frentes
legislativos y ejecutivos, con agilidad, con dinamismo y, al mismo
tiempo, con la amplitud visual que permite el hecho de observar la
perspectiva desde tres puntos de vista distintos para cada tema, y la
garantía que a efectos de dificultar la corrupción le proporciona a
cada asunto el hecho de que cada decisión tenga que ser acordada
entre tres, un número impar que también facilita la salida de los
atascos que producen los empates. Así pues la coalición no sólo es
una imposición de mayorías, es también, y sobre todo, un cambio en
los procedimientos de actuación política.
Cabe,
también, que la coalición, por h o por b, no cuaje. En ese caso no
queda otra salida racional que unas nuevas elecciones. Porque la
coalición de izquierdas no es una salida racional, sino un ángel
exterminador. Unas nuevas elecciones lógicamente nos llevarían a
una situación similar a la actual o peor. Más cerca quizás de la
coalición exterminadora, que yo no sé si pensar ya que nos la
estamos ganando a pulso.