sábado, 27 de febrero de 2016

Necesitábamos.....

Estábamos en medio una crisis de unidad del Estado que amenazaba con llevárselo a pique.

Necesitábamos, por encima de todo, resolver esa crisis de unidad, que podía llevarnos a todos por delante.

Necesitábamos un gobierno y un parlamento fuerte, que apostase por dar una solución sólida y sin fisuras a ese grave problema estructural del Estado.

Necesitábamos un parlamento potente, capaz de acometer una reforma constitucional que reparase ese grave problema y otros muchísimos desajustes que la actual constitución viene propiciando: la permisividad ante el destructivo derrotismo separatista, la impunidad de los políticos por sus actos reprobables, el absurdo y anticuado formato de participación ciudadana, el esperpento de la justicia... todo ello propiciado por una vieja constitución de escaparate, de fachada democrática de cartón piedra sin nada detrás.

Necesitábamos también un gobierno técnico, un gobierno eficaz que busque, pensando, las soluciones a los problemas de nuestro tiempo: a la incompetencia de nuestra economía, al déficit presupuestario, a la ineficacia administrativa, al desempleo, a la discriminación social,.... Son todos problemas técnicos del mundo actual, cuyas soluciones no se encuentran en los viejos tratados doctrinales de la izquierda ni la derecha. Esos tratados se han quedado obsoletos. No necesitamos políticos que se escuden en esos tratados y en sus fans, para ocultar su falta de ideas propias. Necesitamos profesionales que se apliquen a resolver con método, eficacia, transparencia y prontitud estos graves problemas técnicos. Y que den explicaciones continuadas de su gestión y se sometan a evaluación continuada también, para ceder su puesto al siguiente si es que sus métodos no funcionan.

Necesitábamos unos líderes estadistas, capaces de comprender esta crítica situación y tener un comportamiento responsable; capaces de establecer acuerdos constructivos, de salirse del primer plano, de poner por delante la estabilidad de la nación, de dar ejemplo de confianza, de serenidad; capaces de formar un equipo de gentes competentes dispuestas a ponerse a trabajar con honradez y lealtad y de ponernos a tirar a todos del mismo carro detrás de ellos.

Todas esas cosas son las que estas elecciones tenían que traernos a los españoles. Ésa era la carta que 35 millones de ciudadanos le enviamos al destino el día 20D.
Y la carta nos salió que ni pintada. Más clara imposible. Luego dicen que los españoles no estamos preparados o que la democracia no es un buen sistema, porque el pueblo tira a voleo. Podíamos haber pedido una mayoría débil de izquierda o derecha que nos hubiese proporcionado otros 4 años más de pelea barrio bajera, gobierno vs oposición, con los independentistas jaleando desde la grada, mientras arrojaban basura y desperdicios para que cada vez tengamos más estercolero y menos Estado. Pero no. Claramente, el pueblo ha manifestado que no quiere un gobierno ni de izquierdas ni de derechas. Que no se fía de ninguno de ellos, ni en particular, ni en comanditas ideológicas. La única solución viable, es la solución unionista. Una coalición que concuerde con gran fortaleza a los tres partidos que tienen en común, tanto la vocación unionista de sus votantes, como la confianza en un respeto a las normas democráticas demostrada por la actitud de sus partidos en anteriores legislaturas.

¿Y qué nos ha traído el destino? ¿Qué os habíais pensado que nos merecemos nosotros? ¿Revolucionar la historia? ¿Pensabais inventar una nueva dimensión política?¿Los españoles inventar?¿Los españoles constructivos? A vosotros lo que más os gusta- ha resuelto el destino, empeñado en que lo nuestro no es cambiar- es una bolsa de pipas y un melodrama de tiros. Meteros en el papel del actor de vuestra preferencia y aplaudir cuando le dan su plano bueno, y pitarle al oponente, y comer pipas, y criticar a la salida a la vecina que se ha morreado con el novio en la última fila, en la penumbra de la sala.

Por eso, el sabio destino, el puñetero destino, nos ha traído lo que más nos gusta: una película del Oeste: El guapo, el bueno, el tonto y el malo. Para que disfrutemos con el espectáculo, mientras nos comemos la bolsa de pipas, mientras el novio de la vecina se la trajina corruptamente en la clandestinidad. Y al final, como es propio en los westerns almerienses, se matan todos entre todos: el guapo, el bueno, el tonto y el malo. Y la sala se queda vacía, hartos ya los espectadores de tanto spaguetti western, de tanta fórmula comercial sin mensaje, sin guión y sin argumento. Esperemos que el cine europeo o americano nos vuelva a traer un gran estreno que  llene de nuevo las salas, con una saga cineasta de magnitud, aunque sea una repetición del neorrealismo italiano. Así que, hala, a ver como se matan, mientras nos duren las pipas.



domingo, 7 de febrero de 2016

Del Rif al Yebala

Un libro escrito en 1997 por Lorenzo Silva. Yo lo he leído el mes pasado.

Tres jóvenes, treintañeros entonces, realizan un viaje por Marruecos. Uno de ellos nos lo cuenta en este libro.

La primera parte del recorrido, desde Melilla a Alhucemas, se convierte para el autor y para el lector en un emotivo ejercicio de memoria histórica. El libro nos presenta un pasaje de nuestra historia que, al menos para mí, había pasado desapercibido bajo el estrepitoso título de “El desastre de Anual”. He escuchado o he leído a lo largo de mi vida en numerosas ocasiones, de pasada, esas palabras agrupadas, pero nunca, hasta ahora, había tenido la ocasión de penetrar en ellas. El título del pasaje, quizás, anima poco a entrar en él. Nos hemos acostumbrado a interpretar la historia desde un punto de vista militar, y, desde ese punto de vista y en la distancia del tiempo, parece que sólo cuente el resultado del combate: victoria o derrota. Y últimamente, con un nuevo término, la memoria histórica, también nos la están presentando en ese plan resumido, a base de titulares: los malos, y los buenos, fuera calle, fuera estatua. Vista en ese formato plano y resolutivo, la tal memoria histórica viene a aportar de nuevo sólo un poco más de incultura y más enfrentamiento visceral.

En este libro se recuerdan los acontecimientos ocurridos en el noreste de Marruecos, en el verano de 1921, paso a paso, vistos con los ojos de los que tuvieron que contemplarlos en directo, precisamente tras el cristal de su última mirada. No es agradable revisarlos casi cien años después, ni causa orgullo ni ardor patriótico su lectura. Al contrario, provoca vergüenza, impotencia, identificación con el enemigo, pesadumbre por las víctimas y enojo y desapego con las instituciones, como siempre. Pero no creo tampoco que del estudio de la historia de cualquier tiempo pasado, en cualquier lugar del mundo, puedan sacarse conclusiones muy distintas a éstas, sea cual sea el periodo o el lugar considerado. Sin embargo, nunca, por tristes que sean los resultados del estudio, está justificado ocultar los hechos pasados, y mucho menos, tampoco, que ese conocimiento nos induzca a renegar de nuestros ancestros. El estudio del pasado, en particular de los errores, debería ayudarnos a aprender para no volver a cometerlos. Si se nos ocultan, si nos los hacen ignorar, no aprenderemos, y volveremos a tropezar en la misma piedra. Por otro lado, si nos los entregan en forma de resumen, ya valorado, proponiéndonos como consigna que reneguemos de él, nos están engañando también, y tendríamos que aceptar que mañana nuestros descendientes renieguen de igual forma de nosotros. La historia, vista desde el presente, suele consistir en una larga cadena de errores, que paradójicamente, suelen producir un futuro mejor que el pasado. Tenemos que aprender de nuestros errores, no sólo nosotros, sino los que vengan detrás. Por eso la memoria histórica debe presentarse, como lo hace este libro, como un ejercicio de acercamiento comprensivo, no sólo a los datos históricos, sino a las situaciones a las que aquellos seres humanos se vieron abocados por decisiones de terceros. Porque ahora son otras situaciones y otros terceros, pero que se siguen comportando, igualmente, como pastores. Y sus decisiones nos afectan. Y argumentos como: “No es no”, “Yo he sacado más votos, la legitimidad es mía”, “El pueblo ha pedido una cambio progresista, un no a la derecha”, hoy, como ayer, nos hacen exclamar con la impotencia del rebaño: !Pero, qué hijos de puta!

La segunda parte de este viaje, desde Chaouen hasta Ceuta, tiene otro carácter menos emotivo, más placentero. Una ruta para hacerla más despacio. Tomándonos tiempo para complementar cada capítulo con visionado de fotos y vídeos sobre cada ciudad visitada. Elaborando en nuestra propia cocina alguno de los platos que menciona el libro. Escuchando algo de música andalusí. La narración de cada pasaje del recorrido es de carácter impresionista. El autor no se aplica a describir exhaustivamente lo que ve, sino las impresiones que en él causa lo que ve. Todo hilvanado con relatos de la historia de cada ciudad, con miradas atentas los moradores, o a las sombras del pasado, con las que se cruza en algunos rincones. Sensaciones que el autor ha podido disfrutar y cuyo relato nos transmite el deseo de sentirlas también. Nos alejan la distancia, las circunstancias y los años. Pero libros como éste y los avances del you tube nos lo ponen casi a tiro.