¿Tenemos algo que
celebrar?
Después de un verano
inquietante, esperando el desenlace que traería este 27 de
septiembre, con la prensa dando opiniones día tras día. De unos y
de otros. Unos ignorando el envite con que se nos estaba retando
desde el otro lado, despreciando el desprecio que que se nos estaba
haciendo en nuestra propia casa por una parte de sus ocupantes, la
amenaza permanente que se nos lanza cada vez que pronuncian la
palabra independencia desde las instituciones oficiales a través de
los medios públicos..... Sí, ha sido un verano preocupante. Es
difícil evadirse, y, por supuesto, no es la postura que pondrá
solución a este problema.
En realidad el contenido
subliminal de los mensajes a la ciudadanía española no es otro que:
!Os vamos a derribar vuestra casa! !El día 27 todas vuestras
estructuras legales os las vamos a echar abajo! !Olvidaros de
vuestras rutinas, de vuestras pensiones, de vuestros puestos de
trabajo, de la normalidad de vuestras vidas, porque el día 27 lo vamos a poner
todo patas arriba, vuestra casa y la nuestra. No es por nada, es
simplemente, porque nos da la gana, por odio, y porque, a nosotros, a
los políticos promotores, en cualquier caso nos va a ir mucho mejor.
Y todos nosotros
esperando que llegase el día 27 y que el buen juicio de los
catalanes pusiera fin a esta sinrazón. Como así, al final, puede
que haya sido, por los pelos, en todo caso, y con matices. Porque
esto no ha acabado aquí. En realidad, nadie sabe que es lo que va a
pasar a partir de ahora. No está previsto ni por los promotores, ni
por quienes deberían haber parado todo esto en seco hace ya años.
Pero, de momento, ya todos están celebrando. Todos están tan
contentos: los independentistas y los constitucionalistas. Todos
están tan contentos por los votos que han sacado, que recuentan como
si fuera un tesoro. No se sienten responsables del miedo y la
preocupación causada a la población. Creen que la gente ha acudido
a votarles, en masa, ilusionados por sus mensajes, esperanzados con
sus programas. Y lo celebran, están contentos, saltan, bailan,
gritan, ríen. Nos han dado el verano, nos han acojonado y nos han
llevado a votarles tapándonos la nariz. Eso es lo que celebran.
“Hemos evitado que derriben el Estado”- pensarán unos. “Todavía
no”- pensarán los otros. Y mientras tanto, nosotros, los
ciudadanos normales de uno y otro lado ¿Tenemos algo que celebrar?
¿No seremos precisamente nosotros quienes deberíamos poner punto
final a toda esta fiesta? ¿Dónde estábamos nosotros a la hora de
la fiesta? ¿Por qué no nos presentamos allí para mandarlos callar
a todos?
Pepe totalmente de acuerdo contigo.
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